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40 azotes

Por Juan Carlos Tuyaré

Reflexiones 21 de enero de 2023
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Juan Carlos Tuyaré.

Decíamos en nuestro anterior comentario que un importante número de argentinos está atento a lo que pasa en el juicio a quienes, hace tres años, mataron a Fernando en Villa Gesell. Podríamos decir que casi todos aspiran a que los jueces dicten cadena perpetua a los acusados, porque la sociedad se ha sensibilizado a favor de los padres de la víctima.

Es necesario terminar con la impunidad

Si bien es cierto que la manera de actuar de los implicados en el crimen fue atroz, también es cierto que existe un alto grado de doble ánimo en la sociedad, ya que por un lado se exige justicia severa y por otro lado se practica un sistema de vida parecido, como por ejemplo avalar el homicidio a niños por nacer a través de la legalización del aborto.

Es interesante observar que en la antigüedad, según el relato bíblico, los habitantes de las ciudades de Sodoma y Gomorra sobrepasaron todo límite en su conducta, y a causa de esa maldad, Dios los destruyó haciendo llover sobre ellos azufre y fuego desde los cielos. En la actualidad, lo que ocurre en el mundo y en particular con una importante cantidad de los argentinos, es el deseo de vivir del mismo modo que Sodoma y Gomorra.

Debemos dar gracias a Dios que, a partir de la llegada de Jesús, el castigo divino se atemperó; pero será llevado a cabo en el final de los días.

La justicia divina es dura para los que delinquen

Pero Dios no cambia y para tener una idea de lo que fue la justicia divina en el proceso de creación de su pueblo, damos un ejemplo sobre sus instrucciones: “Si hubiere pleito entre algunos, y acudieron al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia; según su delito será el número de azotes, que nunca deberá pasar de los cuarenta.”

Un segundo ejemplo de la justicia divina, entre cientos, era el siguiente: “Si alguien tuviera un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere la voz de su padre ni la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante las autoridades de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a las autoridades de la ciudad: este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo el pueblo oirá, y temerá.”

La idea divina siempre fue la de limpiar las ciudades de delincuentes para que el resto pudiera vivir quieta y reposadamente. Podemos imaginar lo que sería Argentina si aquel modelo de justicia se repitiera en la actualidad.

Se festeja la figura de Jesús, pero no se practica sus enseñanzas

Las sociedades que festejan la Navidad en casi todo el mundo, se cobijaron bajo los beneficios que como bálsamo trajo Jesús en el cambio de tipos de justicia; pero al mismo tiempo le dieron la espalda a sus enseñanzas. El dijo “Oyeron que les fue enseñado que la justicia era diente por diente, ojo por ojo; pero yo les digo: No resistan al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, dale también la otra”.

Ahora bien, al menos en nuestro país, los que delinquen tienen mayores beneficios que las víctimas porque no se cumple con que toda persona se someta a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por él fueron establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a los establecido por Dios se resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

La idea divina siempre fue castigar al que hace lo malo para que el resto lo vea, y tenga temor. Sin embargo la impunidad es hoy la madre de todos los males. Desde nuestro lugar no impulsamos que vuelvan los 40 azotes, pero si impulsamos que se termine con la impunidad. Como conclusión podemos señalar que las decisiones en nuestra sociedad están dada vuelta. Los gobiernos impiden que a los niños se les enseñe en las escuelas públicas las conductas recomendadas por Dios, pero sin embargo permiten que se introduzcan Biblias en las cárceles.

Lo ideal sería que las cosas fueran al revés, porque si logramos enseñar que los niños practiquen las enseñanzas bíblicas, no habría necesidad de llevar Biblias a las cárceles.

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