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Cuento: Vamos a estar bien 

Por Elías Lugón (*)

Reflexiones 10 de enero de 2023
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Ilustración de Nicolás Santiago. ilustración de Nicolás Santiago.

Es de noche y los dos sabemos que vendrá, en unas horas, pero vendrá. El clima incómodo y angustiante se siente en nuestras miradas, en nuestros movimientos y en las breves palabras que nos decimos. Ya nos dimos cuenta, pero todavía no lo hablamos. Julia prepara el café y cada tanto me mira de reojo con una cara inexpresiva, los ojos entrecerrados y un poco húmedos. Pongo a tostar los panes y trato de mirarla lo menos posible.

Verla traer el café a la mesa me despierta un cariño gris, la clase de cariño que se puede tener por un buen recuerdo, pero al que no se quisiera volver. Lo sirve y nos sentamos.

-Amor, ¿me pasás el azúcar?

-Claro, amor.

 Voy a buscarlo y lo llevo a la mesa. Pasamos callados un buen rato. De vez en cuando nos miramos con frialdad, y a veces, porque nos incomoda el silencio, carraspeamos con esa clase de tos suave que a uno le agarra en una sala de espera, más que nada por impaciencia o timidez. De a poco se me traba la garganta, y por eso me cuesta empezar. Julia lo sabe, los dos lo sabemos.

 -Emm…, ¿amor? – un calor me sube desde el estómago hasta la garganta.

 -Sí, amor…

-Mañana tengo que repartir cartas desde temprano; el chico del primer turno va a faltar, pero tengo libre el miércoles. ¿Podemos hablar ahora? -el café me sube hasta la boca.

-Está bien, amor, pero yo entiendo todo, ¿hace falta? Tenés las valijas preparadas hace una semana y ya hablaste con tu madre, qué puedo decirte, me siento tan...

 -No sé si hace falta- digo – pero creo que ahora es buen momento, el tren pasa en una hora. 

 Silencio. Nos levantamos a juntar la mesa. Subo a buscar mis valijas y las llevo a la entrada; Julia se acerca, se detiene junto a mí, me abraza, me acaricia el pelo. Me dice:

 -Vamos a estar bien, amor.

 -Claro. Es lo que hay que hacer. Todavía no quisiera despedirme, pero ya casi es hora. Todo resulta más fácil cuando uno no tiene nada que perder, Julia, y nosotros solo teníamos al otro. Parece mentira que hace algunos años, Julia... Las películas de Lynch, los discos de Almendra, la polenta con queso durante meses, los repasadores manchados con café, y ahora la almohada llena de lágrimas.

-Está bien, amor- dice- tenemos que seguir buscando, pero cada uno por su cuenta. A veces viene bien parar para descansar, y otras solo para parar. A lo mejor ahora haya que parar por parar, porque sí. No te preocupes, vamos a estar bien, dale saludos a tu mamá.

Le doy un beso en su mejilla blanca y fría, la abrazo fuerte, y camino a la estación. Llego justo. 

Ya en el tren siento alivio. Y tristeza.

(*) Elías Lugón es de Barranqueras, Chaco. Tiene 22 años. Es estudiante de la Licenciatura en Letras de la UNNE y asiste al taller de escritura de Diego Pazskowski. Instagram: @eliaslugon

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