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Cuando la fe entre en crisis

Por Juan Carlos Tuyaré

Reflexiones 26 de noviembre de 2022
Juan Carlos Tuyaré.
Juan Carlos Tuyaré.

De acuerdo al relato bíblico, Moisés conversaba con Dios cara a cara; es decir, sin ningún tipo de intermediarios. En términos humanos podríamos asegurar que eran amigos, porque incluso -en ocasiones- hasta se animaba a darle sugerencias al mismísimo Creador.

Muchas cosas podremos aprender si estudiamos este tipo de relación entre ambos, por ejemplo, situaciones que ocurrieron mientras el pueblo transitaba por el desierto, camino a la tierra prometida.

La queja ante las dificultades

Sabemos que el pueblo no paraba de quejarse, incluso muy temprano, como al salir de la esclavitud en Egipto y antes de pasar el Mar Rojo, cuando los carros de Faraón se acercaban peligrosamente para capturarlos o matarlos, le reprocharon a Moisés porque los habían liberados de allá para hacerlos morir en el desierto, cosa que finalmente no ocurrió.

Pero habiendo pasado ya el Mar Rojo, camino a la tierra prometida, y cuando solo habían pasado tres días, volvieron a quejarse, en este caso por la falta de agua. Pero les fue dada agua de manera milagrosa junto a setenta palmeras donde acamparon. Pasó poco tiempo y volvieron a quejarse porque tenían hambre, y les fue dado el maná.

Pero nos les fue suficiente el maná, porque enseguida se aburrieron de comerlo. Entonces pidieron carne y Dios le prometió -al ya desanimado Moisés- que también se la daría.

Moisés frente al desánimo

Y en esta ocasión ocurrió algo interesante. A la propuesta que también les daría carne al quejoso pueblo, Moisés le responde al dueño del universo, casi irónicamente: A sí? No me digas! Y de dónde vas a sacar carne para darle de comer un mes a estas 600 mil personas de a pie, que están conmigo? ¿O se juntarán todos los peces del mar para que puedan tener abasto?

Podemos apreciar como la actitud del pueblo casi había contagiado al propio Moisés, en el sentido que también él se había sumado a la duda del poder de Dios en acción al preguntar ¿De dónde vas a sacar carne para tanta gente durante todo un mes? Ya se había olvidado de lo que es capaz de hacer el Creador, quien, para sacarlo de esa situación de incredulidad, le dijo: “¿Acaso se ha cortado la mano de Dios? Y finalmente les dio carne de codornices hasta que les saliera por las narices.

Nosotros cometemos parecidas equivocaciones

Así solemos ser nosotros, como aquel pueblo, he incluso como Moisés, porque vemos las maravillas que Dios hace en nuestras vidas y en la de los demás, pero en ocasiones la incredulidad nos cierra los ojos espirituales para no creer lo que Dios es capaz de hacer en nuestro favor.

Dice el relato bíblico que Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra; sin embargo, en ocasiones su fe le fallaba. Eso nos demuestra que, aunque podamos ser buenos siervos de Dios, ello no impide que nuestra fe entre en crisis. 

Metafóricamente hablando, muchas veces parece que los carros de Faraón nos están alcanzando para destruirnos, pero nunca deberíamos pensar que la mano de Dios se ha cortado para defendernos. Siempre que seamos obedientes, la mano divina estará allí para salvarnos.

Suele ocurrir que nos asechan contextos adversos durante un lapso de tiempo, pero es allí cuando Dios está trabajando en nuestro favor. Le ocurrió a Moisés y nos ocurrirá a nosotros. Así funciona el reino de los cielos. Pero no decaigamos, porque la mano de Dios no se ha cortado y todavía sigue haciendo maravillas. 

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