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La llegada de Perón a la Argentina, en Resistencia (Pellegrini 669), cumpliendo 50 años del episodio

Por Diego Libedinsky.

Reflexiones 17 de noviembre de 2022
Juan Domingo Perón.
Juan Domingo Perón.

Por Diego Libedinsky.

Con el regreso de Perón a la Argentina, múltiples expresiones se sucedieron, en Resistencia, en la calle Pellegrini 669, donde vivía y en 1972 cuando tenía 8 años,-hoy 58-  sentíamos algunos gritos y tumultos, y ocurría que una treintena de muchachos, no recuerdo si había mujeres, venían marchando y gritando, en contra de otros.

Al llegar a la mitad de cuadra y aparentemente tres agentes de la policía del Chaco de la Brigada de Investigaciones que salieron de la Residencia Oficial del Gobernador –Saavedra al 200- intentaron disolver la manifestación y se armó una batahola.

El grito de este es un auto gorila los jóvenes peronistas intentaban volcar e incendiar un Fiat 600, si un fitito gris celeste propiedad del bioquímico Baby Aguilar que vivía y tenía su laboratorio allí en el 660 de Pellegrini.

Felizmente, doña Mita Altabe de Aguilar, madre de Pocholo, Pitoty, Baby y Aida, salió armada con su escoba de paja y alzándola y amenazando a los muchachos, logró evitar el vuelco del auto.

La turna enardecida cruzó de vereda y ya en los impares se generó una trifulca a las piñas y patadas contra los tres pobres policías que ligaban desde todos lados y a uno de ellos le estrellaban la cabeza contra unas de la rurales Falcon, ambulancias del Frangioli, lo cual generaba un cierto flujo de sangre hacia la vereda y cordón.

Allí, de privilegiados espectador con mi hermano Maxi, desde el balcón del departamento arriba de casa Mateco, fuimos obligados a entrar al dormitorio por nuestra madre Hilda Nemirovsky, que ya había experimentado las peleas peronistas en los gremios rosarinos durante su infancia y adolescencia.

Por supuesto, a los -10 mi hermano- y 8 yo, no era fácil detenernos, abrimos unos centímetros la cortina de enrollar –perdón vieja- y pasamos por debajo.

Justo en esos momentos, como una tromba se cruzaba desde Pellegrini 666, Tito Dagnino, Jaime, gran militante Radical, hacia Pellegrini 669, enfrente  donde había decido actuar y acudir en ayuda de los desventurados policías.

Tito de brazos cortos, era morrudo y sabia trompear, años al volante en su profesión de  viajante, mucho tiempo de recorrida la había dado esa habilidad, la primera tumbó uno y fue acompañada de una patada, estilo puntazo en el culo.

“Uno que no va a cagar por un mes”, explicó Tito después.

De ahí salió a los saltos, piñas y más patadas, a pesar de sus ojotas franciscanas hasta alcanzar a uno de los policías ya frente a las puertas del Sanatorio Frangioli, donde le abrió el saco, estaban muy formales trajes oscuros y corbatas.

Contaba que le abrió el saco y saco una pistola negra pavón brillante tipo 45, funda de cuero con pana roja en el interior, se la puso en la mano y le hizo disparar.

“¡Tirale, tirale!”

Ese fue el fin de la manifestación, mientras las enfermeras del Frangioli salían del sanatorio,  gritando Don Dagnino, Don Dagnino, ya que Tito estaba convaleciente de un reciente infarto.

Los vecinos de la cuadra comentaban que en la escalera de acceso al Departamento de mi abuelo, encontraron una bolsa de arpillera con una decena de bombas molotov armadas, y posteriormente con mi hermano Maxi fuimos a revisar el lugar del disparo, y además de la sangre observada, recuperamos la capsula o casquillo de 11.25 FM. Que por años atesoramos como recuerdo de la llegada de Perón a la Argentina, en Resistencia, Pellegrini al 600.

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