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Ni jueces ni fiscales, solo embajadores

Por Juan Carlos Tuyaré

Reflexiones 12 de noviembre de 2022
Juan Carlos Tuyaré.
Juan Carlos Tuyaré.

Para intentar llevar luz a la comprensión de lo que debería ser el rol del cristiano en su vida diaria, nos pareció bien utilizar tres figuras conocidas por la mayoría de los lectores.

El juez, el fiscal y el embajador.

El juez es la persona que debería asegurar al acusado la posibilidad de defenderse sin que se viole la ley. El fiscal, tiene el rol de acusar y promover la acción penal contra los autores y partícipes de un suceso, que luego deberá ser probado en un juicio oral y público. 

Separado de los dos roles anteriores, el embajador es un diplomático responsable de la representación oficial de una nación. Es un emisario enviado a llevar un mensaje, o examinar un asunto entre estados.

La relación con el reino de los cielos

De acuerdo al texto bíblico, los tres roles están perfectamente definidos. El juez es Dios, el fiscal es Satanás, y el embajador es el cristiano. 

El sentido común de la mayoría de los lectores no debería rechazar la idea de quién es verdaderamente el Juez del Universo. En ese tema todos, o casi todos, estaríamos de acuerdo.

Ahora bien, para reconocer que Satanás es el acusador y cumple con el rol de fiscal, también es necesario tener un mínimo de conocimiento bíblico, comprensión al que cualquier interesado puede llegar, ya que el texto bíblico señala -con absoluta claridad- su rol de falso acusador de los cristianos.

Apartado de estos dos roles anteriores, aparece la función de embajador que debería cumplir todo creyente. Es un rol a asumir, luego de discernir espiritualmente esta función, para lo cual también es necesario tener conocimientos bíblicos básicos.

Pero no todos los creyentes saben

Pero debido a que no todos los creyentes tienen la práctica diaria de investigar el texto bíblico, pasan por alto que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y encargó a los cristianos el mensaje de esa reconciliación celestial. Así que, bíblicamente, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por nosotros, que en nombre de Cristo, le digamos al mundo que se reconcilie con Dios. 

Esta petición divina no nos envía a reclamarle el pecado al mundo, porque Cristo ya lo pagó en la cruz del Calvario; por lo que, de acuerdo al texto bíblico, Dios ya no le toma en cuenta a los hombres sus pecados sino que los llama para que acepten a Cristo como Salvador personal, y nos da a los cristianos el rol de embajadores para difundir ese mensaje.

Difundir el mensaje

Dicho de otro modo, los hombres no irán al infierno por sus pecados, sino por rechazar el perdón de sus pecados obtenido por medio del sacrificio de Cristo en la cruz. Por ese mismo motivo, la Biblia enseña que todos aquellos que se arrepienten y acepten a Jesús como su salvador, tienen vida eterna y no irán a condenación.

Es muy importante entonces abandonar el rol de jueces y fiscales que algunos cristianos suelen asumir, y dedicarnos por entero al rol de embajadores; es decir, difundir diariamente el mensaje de Cristo, que es lo que Dios nos encomendó hacer.

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