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Que el desánimo no gane

Por Juan Carlos Tuyaré.

Reflexiones 05 de noviembre de 2022
desanimo

El incrédulo, en su manera de ver las cosas, también puede tener fe, aunque esta no sea precisamente bíblica. La mayoría de las personas, incluidas aquellas que se autodefinen como creyentes, ante una crisis, tienen una fuerte tendencia a dar vuelta su fe. Antes de analizarlo, debemos recordar que el texto bíblico define a la fe como una actitud a tener: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Emparentado con esta definición, el texto de la Escritura señala respecto al poder de Dios: “El da vida a los muertos, y llama a las cosas que no son, como si fuesen”. Vemos que, si bien son dos cosas distintas, existe una conexión entre la definición de la fe que antes señalamos y lo que creemos que Dios es capaz de lograr por medio de su poder.

Son dos cosas diferentes

Decimos que son dos cosas distintas, porque una cosa es lo que Dios puede hacer por medio de su poder sobrenatural, y otra muy distinta es lo que podemos hacer nosotros como seres humanos. Lo que la Biblia enseña es que nosotros, en función de lo que Dios puede hacer en el marco de su voluntad, podemos esperar lo que no vemos y estar seguros que ocurrirá. A esa actitud se le llama fe.

Ahora bien, muchas veces el propio creyente tiene dada vuelta su fe en el sentido que, en lugar de esperar que ocurra lo que está pidiendo a Dios, no está seguro de que ello ocurra. Incluso, en ocasiones, el creyente se preocupa por cosas que tal vez nunca ocurran en su vida, y esa preocupación le quita la paz.

Testimonio en primera persona

Mientras estuve gravemente internado por Covid en el hospital, los médicos me informaban diariamente, a la mañana, que los resultados de laboratorio sobre mi salud eran maravillosamente extraordinarios (usaron esas dos palabras juntas). Sin embargo, cuando caía la noche y comenzaban los quejidos y lamentos de quienes estaban internados conmigo, venía sobre mí un pensamiento que me decía: “Lo que te dicen los médicos es mentira, te vas a morir como el resto de los que ya murieron”.

Fue una lucha espiritual que duró 8 semanas, durante las cuales ráfagas de desánimo invadían mi corazón; porque veía que el resto de los internados partían hacia la muerte y el personal de las funerarias venía a retirarlos.

Salvando las distancias con este triste recuerdo, todos los creyentes pasamos por situaciones límites, momentos en los cuales nuestra fe entra en colisión con el desánimo, una de las principales herramientas con que cuenta el enemigo de Dios para quitar la paz de los creyentes.

No debemos permitir que el desanimo nos gane

Dice el texto bíblico que sin fe es imposible agradar a Dios. La fe es como un músculo al que debemos entrenar para desarrollarlo y nunca deberíamos olvidar que sin ella no tenemos chances de ingresar a Su reino. Tampoco deberíamos confundirnos, porque no somos los seres humanos los que podemos cambiar las situaciones que nos exceden; pero si podemos esperar que Dios las cambie en función de lo que le pedimos. No está en nosotros la solución, sino en creer que para Dios no hay nada imposible.

Hasta las personas más fuertes pasan por problemas que traen desanimo, por lo que debemos tener la seguridad que, si nos entregamos completamente a Él, no nos faltará ningún bien.

Puede tratarse de un problema demasiado complejo para solucionar desde nuestro punto de vista, algo más allá de nuestra capacidad de resolver y ello puede hacernos sentir débiles y vulnerables; pero siempre deberíamos recordar que tenemos a Dios Todopoderoso, para quien nada es imposible. No dejemos que nuestra fe se de vuelta.

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