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Ganadores de batallas

Por Juan Carlos Tuyaré.

Reflexiones 12 de agosto de 2022
Juan Carlos Tuyaré.
Juan Carlos Tuyaré.

Por Juan Carlos Tuyaré.

Hasta un determinado momento de la historia de su pueblo, Dios lo gobernaba de manera directa por medio de líderes escogidos. Pero el ser humano como tal, nunca está conforme y casi siempre está buscando algo distinto a lo que tiene.

SAMUEL ERA EL DELEGADO DE DIOS

Estaba gobernando al pueblo, como juez, Samuel, un profeta al que Dios había llamado desde jovencito. Pero como pasado el tiempo había envejecido y sus hijos no anduvieron por los caminos de su padre, sino que se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho; los ancianos le pidieron que le diera un rey que reine sobre ellos, como tenían todas la demás naciones.

Samuel, muy preocupado por esta situación, habla con Dios y le cuenta lo que le habían propuesto. La respuesta divina fue: “No te han desechado a ti, sino a mi me han desechado, para que no reine sobre ellos”. 

FINALMENTE LLEGARON LOS REYES

Al final el pueblo tubo lo que quería y el relato bíblico cuenta que el primer rey elegido fue Saúl, quien gobernó bien al principio pero luego se desvirtuó y fue reemplazado por David.

Este nuevo rey había sido antes solo pastor de ovejas, y tenía como función específica el cuidado de las ovejas de su padre, un varón llamado Isaí. Sin embargo Dios lo escogió como el nuevo rey de su pueblo porque no se fijó en su apariencia física, sino en la calidad de su corazón.

Al poco tiempo se convirtió en un poderoso guerrero, a quien nadie le podía hacer frente. Sin embargo, nunca se jactó de su poderío militar, más bien siempre reconoció que sus victorias se debían a la poderosa mano de Dios que lo sustentaba. 

TAMBIÉN AUTOR DE LA MAYORÍA DE LOS SALMOS

David fue uno de los principales autores de los Salmos registrados en el texto bíblico, y en uno de ello, el número 44, dice: “No confío en mi arco, ni dependo de que mi espada me salve. Tú eres Dios el que nos da la victoria. Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, y has avergonzado a los que nos aborrecían”.

Aunque había formado un poderoso ejército, reconoció que sus éxitos eran producto del poder sobrenatural de Dios; y debido a su fe y humildad, fue exaltado como el rey más importante de la historia del pueblo de Dios.

Como enseñanza desprendida de esta historia bíblica, deberíamos saber utilizar nuestros talentos, poniendo siempre lo mejor de nosotros, pero siempre colocando nuestras vidas y actividades en las manos de Dios, atribuyéndole nuestros éxitos a su poderosa mano que obra en nuestro favor.

Confiemos en que si así lo hacemos, continuamente seremos ayudados y la victoria de nuestras batallas diarias siempre estarán más cerca que lejos.

 

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