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Alertan por presencia de microplásticos en el Mar Argentino

Investigaciones nacionales realizadas en el Mar Argentino encontraron microfibras en el agua y en el interior de los animales y alertan por su peligrosidad.

Actualidad 04 de agosto de 2022
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Alertan por presencia de microplásticos en el Mar Argentino.

Investigaciones nacionales realizadas en el Mar Argentino encontraron microfibras de plástico en el agua y en el interior de los animales, un reflejo de una problemática que afecta a todos los océanos, donde según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente se estima que hay entre 75 y 199 millones de toneladas de plásticos.

Sin embargo, no se perciben tan fácilmente porque tienen menos de cinco milímetros los microplásticos, pero están presentes en todos los entornos naturales del mundo, al punto tal que los investigadores ya hablan de una pandemia de plástico.

En ese contexto, en los mares, el 85% de los residuos es de este material que afecta a los animales, a todo el ecosistema y a la cadena alimentaria, según la evaluación global de los desechos marinos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

En el marco del programa de Dinámica del Plancton Marino y Cambio Climático del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), la doctora en biología e investigadora del Conicet, Rosana Di Mauro, analiza desde 2018 muestras de agua que se toman todos los meses en la Estación Permanente de Estudios Ambientales, a unos 50 kilómetros de la costa de Mar del Plata, Buenos Aires.

Las muestran tienen el objetivo es monitorear la presencia de microplásticos, entre otros ítems y parámetros físico-químicos del agua.

Mar del Plata.

QUE SE ENCONTRÓ EN LAS MUESTRAS

"Tenemos muchas fuentes de información de lo que viene con el plancton y con los peces, y estamos bastante sorprendidos con la cantidad de microplásticos que estamos encontrando, que si bien es variable, no baja de 10 partículas por litro. Es un montón si se lo compara con lo que se viene publicando alrededor del mundo", indicó a la agencia Télam, Di Mauro.

Para sorpresa de Di Mauro "hasta ahora no encontramos una muestra de agua o biológica que no tuviera nada; no hay resultados negativos, son todos positivos".

Algunas de estas partículas son microfibras en forma de hilo, de 0,01 a 5 milímetros cuyas fuentes pueden ser variadas como prendas de vestir (a partir del lavado doméstico), redes y cuerdas. Otras son en forma irregular de 0,005 a 5 milímetros. "Son muy chicas y se superponen con el plancton que sirve de alimento para muchas especies", detalló.

La situación se repite en Bahía Samborombón donde los científicos hallaron microplásticos en los estómagos de juveniles de peces y en el agua. "Estamos encontrando fibras y fragmentos en ambientes costeros, en aguas abiertas, en la superficie, en el fondo, en media agua, en todos lados", advirtió la bióloga.

La concentración de partículas en los mares varía en función de distintos factores como las fuentes de residuos y del movimiento de las corrientes que pueden trasladar microplásticos incluso hacia áreas protegidas como el Banco Burdwood, una meseta submarina ubicada en el extremo sur de la plataforma patagónica, en el océano Atlántico suroccidental.

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Así, según el estudio publicado a mediados de mayo en la revista científica Environmental Pollution en la que Di Mauro es la primera autora, las microfibras de origen antropogénico son muy abundantes en este ambiente, probablemente por acción de la Corriente Circumpolar Antártica.

Los resultados indicaron que las fibras están muy extendidas en toda la columna de agua con un promedio de 17,4 partículas por litro.

De acuerdo a la publicación, el 76,1% de las microfibras estaban compuestas por tereftalato de polietileno (plástico muy utilizado para envases y también en prendas) y la mayoría tenía entre 0,1 y 0,3 milímetros.

El estudio, en el que participaron distintos investigadores del Conicet, concluye que las microfibras, transportadas por las corrientes y retenidas en el banco, representan una amenaza tanto para las especies subantárticas bentónicas vulnerables, es decir aquellas que se entierran en el fondo o se adhieren a rocas, como "para los ecosistemas marinos altamente productivos del Océano Atlántico Sudoccidental".

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