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Opinión: Crónicas del apriete

Uno de los pilares de la democracia es garantizar que la amenaza concreta, persistente, documentada, a la libertad de expresión, sea denunciada y repudiada.

Opinión 13 de junio de 2022
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Elida Cuesta y Gustavo Martínez.

Por Cristian Muriel (*)

Hagamos memoria. A principios de noviembre del año pasado, ante la pregunta espontánea de medios amigos respecto a las críticas que recibía de algunos sectores de la prensa, el intendente Gustavo Martínez dijo: “Se trata de Diario Norte, que pretende que paguemos cuatro millones de pesos por mes por una pauta publicitaria, y es algo que no estamos en condiciones de hacer”.

En ningún momento valoró que, siquiera producto de ese malentendido comercial, algún periodista, para variar, estuviera ejerciendo su profesión. Para Martínez, hijo de la política comunicacional inaugurada por Carlos Carossini en los noventa, lo de Norte era un apriete y el periodismo era el arma.

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El 21 de marzo de este año, el jefe comunal intimó por carta documento al exministro de Hacienda Eduardo Aguilar a borrar las publicaciones de Facebook en las que detallaba irregularidades de su paso por Sameep y se hacía eco de las presentaciones judiciales y pedidos de informe por presuntos sobreprecios en las licitaciones de obras del Municipio.

Y el 13 de mayo, como si nada hubiera pasado, le dijo al animador Julio Wajcman, a propósito de las críticas de Aguilar: “No es mi ánimo ni polemizar ni pelear, pero hay algunos que regalados salen caros”.

Más que tácticas políticas sinuosas, lo que parece haber detrás de estos bruscos cambios de temperamento es una dramática distorsión de los propios actos, que se muestran despojados de la responsabilidad de quien los lleva a cabo e independizados del contexto y de los hechos previos, como si no fuese cuestión de entrar a Google para contrastarlos. Por eso Martínez da un paso atrás y opera directamente sobre la prensa (Norte) y sobre las personas (Aguilar).

Podríamos remontarnos a las denuncias contra Jorge Capitanich, de las que ningún hombre de bien hubiera vuelto, o a sus portazos de fantasía entrando y saliendo del Frente de Todos a riesgo de convertir la coalición en un cachivache con tal de lograr sus pretensiones. Pero no hace falta ir tan lejos.

Fue Gustavo Martínez quien en abril de este año pidió gobernar “con los pies sobre la tierra, dejar de hacer anuncios faraónicos y plantear a la sociedad la realidad”, al tiempo que cerraba la Plaza 25 de Mayo, la Laguna Argüello y el Parque 2 de Febrero por un año para llevar a cabo una “refuncionalización” faraónica. Martínez convive festivamente con estas contradicciones y espera que la prensa se una a la fiesta. De lo contrario, Carta Documento.

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El 1 de junio, el portal Data Chaco publicó una nota titulada “Cuesta gasta $ 78 mil por sesión en chipacitos, bizcochos, facturas y pepas”. Al día siguiente, la presidenta del Poder Legislativo y esposa del intendente Gustavo Martínez respondió, mediante un comunicado, que ese portal estaba realizando una “maniobra de extorsión para lograr una pauta publicitaria”.

Más allá de que del comunicado se desprende que Data Chaco habría sido excluido de la nómina de distribución de la pauta de la legislatura en un claro acto de discriminación, llama la atención la similitud de criterio entre Cuesta y Martínez con respecto al trabajo periodístico en particular, y a la libertad de prensa en general.

El 9 de junio, luego de que el mismo portal publicara una nota titulada “Nuevo embate de Élida Cuesta contra la prensa”, en la que aseguraba que “la titular de la Cámara de Diputados exigió al Gobierno provincial que retire la publicidad oficial de los medios que no dicen lo que ella quiere oír o leer”, ésta los intimó a retractarse vía Carta Documento acusándolos de “descontextualizar lo sucedido propagando afirmaciones antojadizas, de interpretación errónea y desacertadas de la realidad”.

Pero, ¿de qué hablaba Data Chaco?

El miércoles pasado, luego de que el proyecto de ley de Andrea Charole para declarar el “Día Provincial del Heavy Metal” se convirtiera en el aperitivo de la prensa nacional, Cuesta pidió la palabra en el Recinto para expresar su indignación: “Sentí vergüenza ajena de cómo se ha bastardeado a esta diputada en todos los medios nacionales, y siendo el Gobierno de la provincia quien tiene el manejo de muchas pautas publicitarias, nadie ha levantado la voz en defensa de Andrea Charole”.

Cuesta, que en 2019 creó el Bloque CER y en algún momento, silenciosamente, lo disolvió, agregó: “Me duele como mujer y peronista, porque formo parte de este Gobierno, que quienes hoy están al frente de la Secretaría de Comunicación o como se llame, porque ni siquiera sé el nombre, no hayan salido en defensa de esta diputada”.

Tras este mensaje, la lectura periodística de Data Chaco no podía ser otra que: “Vienen por nosotros”. Si Cuesta no los hubiera tratado previamente de extorsionadores recomendándoles hacer periodismo complaciente, seguramente no hubieran sentido ese fuerte olor a apriete. Por eso entendieron que la presidenta de la Cámara de Diputados aprovechó un ataque real contra Charole “por ser mujer, por pertenecer a una comunidad aborigen”, para amedrentarlos y mandarle un mensaje por elevación al gobernador Jorge Capitanich.

La relación causal colegida por Data Chaco parece evidente: ni Gustavo Martínez ni Élida Cuesta le pagan pauta publicitaria a ese portal; ¿quiénes sí lo hacen? Por un lado, “el sector político al que representa” (v.g. la UCR). Por otro lado, el gobierno del Chaco. Eso explica la mención del área de la que ni siquiera sabe el nombre y, también, su dolor “como mujer y peronista”.

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Solemos escuchar y leer que la política está cada vez más lejos de la gente. Frente a análisis como el que se presenta en esta crónica, pareciera que también la prensa, discutiendo tonterías, se está alejando de lo que realmente importa.

Pero no es cierto: uno de los pilares de la democracia es garantizar que en un Estado de derecho la amenaza concreta, persistente, documentada, a la libertad de expresión, sea denunciada y repudiada. De otro modo en poco tiempo los diarios y portales de noticias no serán otra cosa que agencias de publicidad al servicio del poder. O, como le dijo el directivo de un importante medio provincial al autor de esta nota: “Si ni siquiera podemos interpretar lo que dicen los dirigentes políticos, entonces juntamos todo y nos vamos a casa”.

(*) Editor responsable de 3500.noticias.com 

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