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Una expresión de deseos

Por  Juan Carlos Tuyaré

Reflexiones 23 de mayo de 2022
Juan Carlos Tuyaré.
 Juan Carlos Tuyaré

La historia de la humanidad está llena de expresiones de deseos que tuvieron como intención mejorar la calidad de vida de las personas; pero la mayoría de las veces, prescindiendo de la participación celestial. Uno de los tantos intentos fue protagonizado por Nimrod, bisnieto de Noé.

Las mayorías nunca creyeron

Señala el relato bíblico que solamente 8 personas se salvaron de morir en el diluvio universal: Noé, su esposa; sus hijos Sem, Cam y Jafet y sus respectivas esposas. Por su lado, Cam fue padre de cuatro hijos, uno de ellos se llamó Cus, quien engendró a Nimrod.

Nimrod fue un vigoroso cazador y el primer poderoso de la tierra; fundador de numerosas ciudades, una de ellas Nínive, cuya historia seguramente la veremos en otro momento.

Como referíamos antes, los tres hijos de Noé fueron testigos presenciales del castigo divino producido por el diluvio y seguramente vieron aterrorizados como aquellos que no creyeron en la prédica de Noé desaparecieron de la faz de la tierra.

Fueron avisados, pero no alcanzó

Pero no fue sin aviso previo, porque durante 100 años, todo el tiempo que llevó construir el arca, Noé les advirtió, que todos aquellos que quisieran salvarse, una vez terminada, debían subir al arca. Nadie hizo caso al aviso y cuando llegaron las aguas del diluvio todos perecieron, salvo los 8 que se salvaron.

Pero solo pasaron dos generaciones después de dicho acontecimiento y volvió la maldad sobre la tierra. En ese contexto, Nimrod también fundó la ciudad de Babel y sus habitantes fueron protagonistas de un hecho que quedó en la historia. Ellos, ignorando una vez más a Dios, quisieron llegar al cielo por medio de sus propias manos y comenzaron a construir una torre.

Llegar a las bendiciones por otro lado

En ese afán, decidieron edificar lo que se conoció luego como la torre de Babel. Para ese entonces todos hablaban una misma lengua y las mismas palabras, pero Dios decidió confundir su lengua para que no se entiendan entre sí y no la puedan construir; porque nada les haría desistir de lo que pensaban hacer, y así fueron esparcidos sobre la faz de la tierra.

El espíritu de Nimrod vuelve

El mismo espíritu que conducía a Nimrod y su gente, se pone de manifiesto una y otra vez, intentando, sin aprender, que nada se puede mejorar a menos que intervenga el Creador. En el año 2015, la Asamblea General de la ONU adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible; según ellos, expresando sus deseos para que sea “un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia”. Una resolución en la que reconocen que “el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza” y afirman que sin lograrla no puede haber desarrollo sostenible.

Ya pasaron 7 años de ese acontecimiento y nada ha cambiado; al contrario, las cosas han empeorado. La pobreza cada vez es mayor, la justicia es cada vez más injusta y la paz no aparece por ningún lado. Pasaron casi 6 mil años y el espíritu de Nimrod sigue construyendo torres de Babel. En el mismo intento el hombre fue a la luna, ahora a Marte y después quien sabe a dónde. La ciencia y la tecnología avanzan, pero el hombre retrocede. Cada día más lejos de Dios.

El arca de Noé simboliza a Jesucristo. La maldad va en aumento y nadie la frenará, pero los que acepten a Cristo tienen la promesa divina de ser asistidos por el cielo. ¿Quién tendrá razón?

¿Será la ONU? ¿O será la palabra de Dios? Las evidencias están a la vista.

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