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El fin del mundo

Por Juan Carlos Tuyaré.

Reflexiones 29 de abril de 2022
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Juan Carlos Tuyaré.

Por Juan Carlos Tuyaré.

Distintos voceros anunciaron la llegada del “fin del mundo” en determinas épocas o fechas de la historia de la humanidad, la última de esas fechas fue la del año 2000. Recordemos todas las expresiones y precauciones que se tomaron previos a esa fecha. Sin embargo, nunca ocurrió lo profetizado.

FALSOS PROFETAS

Cuando decimos profetizado hacemos referencia a personas que, según su propio criterio, hablan en nombre de Dios para anunciar determinados eventos. Pero el texto bíblico enseña, sin titubear, que cuando alguien profetiza algo y no se cumple, significa que habló por sí mismo, de manera tal que es un falso profeta.  Cuando un profeta es verdaderamente un vocero de Dios, sus profecías se cumplen en tiempo y forma. 

Ahora bien, las Escrituras hablan del fin del mundo, pero no indican fechas en la que se cumplirá. Solo dan señales del tiempo, y de eso queremos hablar ahora. 

TODAVÍA NO SERÁ DESTRUIDA

Desde el punto de vista teológico, debemos observar que el texto bíblico enseña que en un determinado tiempo de la historia de la humanidad Cristo volverá a la tierra, y la gobernará con justicia y paz durante un período de 1000 años, en compañía de los feligreses que lo aceptaron como salvador y permanecieron en su doctrina mientras vivieron. Después de esos mil años vendrá el fin del mundo, porque la tierra y los cielos actuales serán destruidos para dar lugar al estado de vida eterna para sus fieles.

De manera tal que, por más daño que el hombre y su conducta le haga a la tierra, ésta no será destruida hasta aquella oportunidad. Obviamente que repudiamos la conducta del ser humano por el daño que le hace a la tierra, pero aún así, Dios tiene el control de todo y en su determinado momento hará algo para que la tierra no sufra más daño.

LAS MORADAS CELESTIALES

No solamente no será destruida ahora, sino que tiene que estar en condiciones como para que Jesús gobierne sobre ella aquellos mil años.  En esos mil años, señalan las Escrituras que Satanás será atado y no podrá intervenir sobre la conducta de la humanidad como lo hace ahora. Será un tiempo de justicia y paz, a tal punto que el león vivirá junto a la oveja y no le hará daño.

Desde que Jesús resucitó y hasta nuestros días, todos aquellos que le reciban como su Señor y Salvador serán quienes le acompañaran en aquel gobierno de mil años, para después de ese tiempo gozar en las moradas celestiales de la vida eterna junto a Dios.

Las Escrituras describen a la ciudad celestial de Jerusalén, en la que vivirán los seguidores de Cristo en la eternidad, de esta manera: “El material de su muro es de la piedra preciosa jaspe, pero la ciudad es de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad están adornados con toda piedra preciosa: jaspe, zafiro, ágata, esmeralda, ónice, cornalina, crisólito, berilo, topacio, crisopraso, Jacinto y amatista. Las 12 puertas son doce perlas, y la calle de la ciudad de oro puro, transparente como el vidrio. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina”. ¿Le gustaría vivir en un lugar así?

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