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Salud mental, salud comunitaria

Por Mariano Britez*

Opinión 09 de octubre de 2021
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El 10 de octubre se Conmemora el día Mundial de la Salud Mental; cuando uno recibe ésta información casi como una actitud bajo los efectos de la inercia, podríamos entrar a algún buscador a intentar ver algo relacionado al porqué de ésta fecha o las razones que llevaron a que se nos presente la misma en un marco mundial. Seguramente en gran medida “don internet” nos contará, en un esquema más histórico, que en 1995 tanto la Federación Mundial para la Salud Mental así como la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) instituyeron este día con el propósito, bastante especifico, de contribuir a la toma de conciencia acerca de los problemas de la salud mental y los elementos que se entrelazan en ésta cuestión. Para ello plantean que es necesario erradicar ciertos mitos y estigmas en torno a este tema. 

Si bien, de buenas a primeras, investigar sobre una efeméride ya es un buen punto de partida que nos posiciona cuanto menos como críticos y curiosos, es menester entender que hay un abanico de terrenos, elementos, dimensiones y puntos que se abren con solo intentar pensar qué abarca y ¿de qué hablamos cuando hablamos de salud? ¿y en específico de salud mental?

Claramente también entra en cuestión el lente con el que se lean estas preguntas, la disciplina o la corriente de pensamiento tiene obviamente mucho que ver con las conclusiones a las que podamos arribar. Pero en gran medida ya hay bastante consenso en la noción de que la salud más que un punto de llegada es un proceso no lineal, es un atravesar diario que está compuesto de una diversidad de factores tan amplia como la que constituye al ser humano. Elementos biológicos, psicológicos y sociales se entrecruzan constantemente en el devenir de este “proceso de salud”.

Incluso ya es bastante cuestionada en muchas definiciones la idea de un “equilibrio de estas dimensiones bio-psico-sociales”, entendido dicho equilibrio como salud, pues se presenta casi como una tautología la imposibilidad de estar en plenitud en todas esas áreas en el mismo momento.

Pero bien, si seguimos intentando re-encuadrar esta idea de Salud Mental, apoyados en las líneas anteriores, la misma se vislumbraría en un proceso de adaptación activa a todas las fuerzas y fenómenos que se nos cruzan cotidianamente, sumado a las inesperadas cosas que se aparecen en la tarde de un martes cualquiera. La adaptación no es otra cosa que la posibilidad de afrontar las presiones normales de la vida, se juegan entonces desde las accesibilidades laborales o de sustentabilidad, el poder de producir para las necesidades de la vida, la manera en la que pensamos y qué tan protagonista de sus actitudes puede ser uno como sujeto, el nivel de estrés, la variabilidad de emociones, etc. 

Como se ve la amplitud de lo que implica es tal, como los orígenes tridimensionales de la salud, con lo cual no podemos atribuirle solo la cara psicológica a la génesis de la salud mental. Habrá entonces siempre involucrados aspectos que tendrán que ver con lo biológico o lo social. Ahí es donde aparece la concepción de Salud pensada como comunitaria. ¿Por qué? Simple, porque no puede pensársela de otra forma. Cualquier intento de simplificar la salud a una salud plenamente individual, y sobre todo una salud mental individual, caería en un saco sin fondo. Es desde lo vincular donde nos formamos como sujetos, la raíz misma de nuestra subjetividad está entrelazada con el aspecto vincular del ser humano. ¿Cómo podemos pensar entonces en que la situación de vulnerabilidad de cierto barrio o comunidad no está funcionando como factor directo en el proceso de salud de los integrantes de dicha comunidad? No se puede, o mejor dicho, no se debería pensar como elementos divorciados de la salud mental de cada individuo a las posibilidades de accesibilidad, las condiciones concretas y materiales de existencia y los diferentes elementos facilitadores u obstaculizantes en el desarrollo cotidiano.

En otras palabras, el precio de la leche, así como la cantidad de espacios de construcción colectiva en el barrio, están directamente relacionados con nuestra salud mental. 

Por ende, retomando lo que se pretende conmemorar, quizás el mayor mito que haya que romper es la falsa idea de que la salud del otro no tiene nada que ver con la mía, o que mi salud no tiene nada que ver con la de mi vecino. Para una salud comunitaria más estable, debemos intentar ser un poco más protagonistas de los espacios que compartimos.

Gracias por tomarte unos minutos y leerme. 

Mariano Britez - Tecnico Sup. En Psicología Social - Coordinador de la Tecnicatura Sup. en Acompañamiento Terapéutico de la “Escuela de la Psicología Social del Chaco”*

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