Datachaco Datachaco

¿Tierra Santa?

Por Vidal Mario.

Reflexiones 16 de mayo de 2021
tierra-santa

De nuevo Palestina está envuelta en llamas. Los tristes sucesos que otra vez de se están desarrollando en esa bíblica región hacen dudosa que sea una “tierra santa”. 

Históricamente, nunca fue tierra santa, sino tierra de odios y de interminables conflictos.

El Nuevo Testamento no es un libro de historia sino de religión; algo que se escribió para difundir una fe.

Por eso no cuenta que en los tiempos de Jesús la situación en esa tierra ya era tan explosiva como la de hoy.

La Palestina de los tiempos del Maestro también estaba muy lejos de ser una región homogénea con idioma e intereses comunes que mantuviesen unidos y cohesionados a sus habitantes.

Igual que hoy, era una región de pueblos entremezclados y hostiles unos con otros.

Sus intereses diversos, divididos y contrapuestos, imposibilitaban la paz y la concordia entre ellos.

Al nordeste de Israel había un país llamado Alta Galilea, a cuyos habitantes los judíos denominaban despectivamente “Galilea de los gentiles”, o “Galilea de los paganos”.

Jesús era galileo. Por eso los judíos lo llamaban “el galileo”, y por esa misma razón lo consideraban pagano.

También estaba la orgullosa Tiberíades que no tenía nada de judío. Era una ciudad pagana y típicamente romana que habían levantado en honor al emperador Tiberíades.

Los pobladores de Gaza adoraban a su propia deidad, y los de Joppa practicaban una religión que para los judíos también era detestable.

Cesárea era para los judíos como una Roma metida en sus propias narices y los judíos soñaban con destruirla. Tal como ellos veían las cosas, la simultánea existencia de la pagana Cesárea y la divina Jerusalén era inaceptable e intolerable.

En el plano religioso, el judaísmo se dividía en fariseos y saduceos, que también se odiaban mutuamente.

Los esenios, comunidad esotérica a la que Jesús pertenecía, mantenían distancia de los unos y de los otros. Aunque se los criticaba por la rareza de sus creencias y de sus costumbres, no eran molestados por ninguna de las sectas religiosas en pugna. 

El odio a Roma

 Todos eran enemigos los unos de los otros, pero había un invisible lazo común que los ligaba a todos: el odio a Roma.

Todos deploraban que el cetro de Israel no estuviese en manos de la dinastía de Judá.

Vivían amargados porque “el pueblo escogido de Dios” seguía siendo vasallo de Roma.

Vivían esperanzados en liberarse de semejante humillación y de que algún día el pueblo de Israel resurja, poderoso.

Vivían esperando con gran fe la aparición de un “Rey de Gloria” que restaurase el reino de Israel.

Vivían esperando la venida de un Salvador, mientras aquí y allá se encendían focos de rebelión contra Roma.

En ese contexto, los combatientes de la organización guerrillera de los zelotes caían sobre los soldados romanos con sus cuchillos llamados sicas, término del cual proviene la palabra sicarios.

Justo en esta “tierra santa” vino a caer Jesús.

Te puede interesar

La más leídas

Noticias en tu e-mail