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Orígenes, el teólogo- escritor condenado al olvido eterno

Por Vidal Mario*

Opinión 23 de abril de 2021
Antiguo cuadro que representa a Orígenes escribiendo

En el Día Internacional del Libro, vale la pena señalar que incluso los libros sagrados contienen errores. Uno de esos libros (en éste caso todo un conjunto de libros) es la “palabra del Señor”, la Biblia

El escritor y sacerdote diocesano chileno Miguel Ortega Riquelme opina que la Biblia “es la voz suave y poderosa de Dios”, que “es Dios que nos habla de sí mismo”.

Sin embargo, desde el principio hasta el final la Biblia es un gran depósito de errores. Citaré un ejemplo. Lucas 4:16 al 19 dice:

“Jesús fue a Nazareth, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para leer la Escritura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde dice: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a anunciar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces les dijo: “Hoy se ha cumplido éste pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Los errores

Los errores que un investigador del pasado claramente observa en dicho pasaje son los siguientes:

-En los tiempos de Jesús no existía ningún pueblo llamado Nazareth. Mal podía existir una sinagoga en un lugar que no existía.

-Jesús no era israelí sino galileo. Era de Galilea, que en aquellos tiempos era un país ubicado al noroeste de Israel, también bajo dominio romano. Para los judíos era como la Filistea de los tiempos de sus padres. Llamaban a ésta nación vecina “Galilea de los gentiles”, o “Galilea de los paganos”. Para ellos, sus habitantes eran paganos y enemigos de sus intereses vitales.

-Jesús no profesaba la religión judía. Él pertenecía a la comunidad de los esenios, la cual no era una religión sino una manera mística de ver la vida. Cuando la Iglesia Católica elaboró el llamado “Nuevo Testamento” eliminó toda referencia a esa fraternidad mística que desde Egipto se había diseminado por toda la región.

-Como esenio, Jesús no creía que Dios fuese un hombre sino una infinita energía sin forma alguna. Así que, por todo lo señalado, Jesús nunca pudo haber dicho que ese día se cumplía una supuesta profecía de Isaías.

En otras palabras: el interesante episodio narrado en Lucas 4:16-20 jamás ocurrió.“Jamás han sucedido”

“En la Biblia hay cosas que se nos refieren como si fueran históricas pero que jamás han sucedido porque eran imposibles como hechos materiales, y otros que, aun siendo posibles, tampoco han sucedido”.

Así lo dijo nada menos que Orígenes, teólogo alejandrino que vivió entre los años 185 al 251.

A pesar de haber sido una de las columnas de la Iglesia católica, el Segundo Concilio de Constantinopla que se desarrolló entre el 5 de mayo del año 553 al 2 de junio del mismo año lo declaró anatema.

Ponderaba haber leído más de veinte versiones diferentes de los evangelios. Por eso los evangelios eran “según” tal o cual autor.

También se quejaba del pésimo estado de conservación de los documentos originales y de las malas interpretaciones que, por ello, hacían los escribas al copiarlos.

Por una de estas malas interpretaciones fue que Jesús el Nazareno terminó siendo Jesús de Nazareth.

Ese gran teólogo y escritor no fue el único que “por sus locos escritos” fue anatematizado por el Concilio Constantinopla II.

El punto once del dictamen de ese cónclave consignaba:

“Si alguno no anatematiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolíneo, Nestorio, Eutiques y Orígenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos concilios, y a los que han pensado o piensen como los antedichos herejes y que permanecieran hasta el fin en su impiedad, ese tal sea anatema”.

Dicho concilio fue convocado por Justiniano, emperador desde el 527 hasta el 565, año en que murió.

Para entonces hacía ya como 300 años que Orígenes, considerado “el genio más grande que la Iglesia primitiva haya producido”, había muerto.

Pero como seguía vivo a través de sus escritos quemaron todos los libros de su autoría que todavía existieran.

Y él fue condenado a la Demnatio Memoriae: el olvido eterno.

*Periodista e historiador.

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