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La realidad requiere una profunda reflexión para no llegar al mismo resultado

Por German Oestmann.

Opinión 04 de abril de 2021
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Nuestra humanidad transita momentos históricos y trascendentes. La vorágine de las sociedades industriales

y capitalistas avanzadas ha invadido todas las esferas de la vida en sociedad para lograr un interdependencia

global absoluta. El impacto del teletrabajo y la irrupción de las nuevas tecnologías en las relaciones 

laborales se presentan como dilemas civilizatorios para un modelo de producción y consumo que se evidencia 

incapaz de resolver las tensiones estructurales e históricas que condenan a la mayorías de los pueblos

al olvido y a la postración social.

 

Es imprescindible generar las condiciones para lograr un nuevo acuerdo mundial entre los principales países 

y organismos multilaterales con el fin preciso de lograr una revisión profunda acerca del modelo de 

desarrollo actual. Promover una concientización absoluta sobre los peligros inminentes del cambio climático,

para al mismo tiempo luchar contra la pobreza, deben constituir un imperativo categórico que posibilite un 

verdadero desarrollo humano integral.

 

Teniendo en cuenta estas circunstancias, nos encontramos ante la oportunidad de realizar una pausa que nos 

permita elaborar  una profunda reflexión acerca de los máximos temores y los mayores sueños que posee la 

humanidad. Ante la cercanía de fechas tan especiales para el cultivo del espíritu de nuestro pueblo queremos 

sumarnos a un momento de introspección colectiva en el cual podamos abrazar toda la fortaleza de la 

condición humana en su máxima expresión.

 

Existe un concepto muy significativo que es utilizado en reiteradas oportunidades por el Papa Francisco 

y que en esta coyuntura extraordinaria de Pandemia adquiere especial relevancia. Nos parece muy importante

mencionarlo porque entendemos que los nuevos vientos de cambio e incertidumbre global ameritan su plena

aplicación. El" Pueblo Fiel " mencionado por Francisco advierte acerca de la necesidad de escuchar la 

voz de los mas humildes en un mundo donde la desigualdad y la inequidad reinan en el planeta.

 

Creemos firmemente que estos días de profunda reflexión nos deben servir para escuchar a nuestro Pueblo 

sufriente y conocer de cerca sus pensamientos para de esta forma planificar la toma de decisiones sin 

ejecutar ninguna medida que los perjudique. Escuchar a nuestro Pueblo sufriente también implica escuchar 

el grito desgarrador de nuestra madre naturaleza al observar ecosistemas absolutamente destruidos por la 

voracidad financiera de las sociedades de consumo.

 

Desde esta perspectiva, solo será posible promover un bien común verdaderamente universal  si logramos 

consolidar una auténtica civilización del amor, donde podamos desterrar definitivamente la pandemia de la

indiferencia y del derroche, mejorando las condiciones de vida, salud, transporte , seguridad energética

y nuevas oportunidades de empleo. Debemos generar las condiciones para que la educación de las nuevas 

generaciones sea respetuosa de su entorno social y ambiental para que de una vez por todas pueda 

triunfar la lógica del bien común por sobre las aspiraciones individualistas y tecnocráticas.

 

Deseamos profundamente que en estas jornadas de meditación y búsqueda espiritual podamos encontrarnos 

todos juntos como parte integral de la gran familia humana, para que en cada uno de los corazones de los hombres

y mujeres de buena voluntad puedan renacer los mas nobles y sinceros deseos de Justicia y Paz para el nacimiento

de una nueva humanidad. Recordemos junto a Julio Córtazar que" La esperanza le pertenece a la vida, es la vida

misma defendiéndose"   

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