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Federalismo y calidad educativa

El rector de la Uncaus plantea los desafíos pendientes para el resurgir de la verdadera Argentina en materia educativa.

Opinión 30 de marzo de 2021
Germán Oestmann

Por Germán Oestmann, Rector de la Universidad Nacional del Chaco Austral.

Existen serios indicios y hechos concretos que nos demuestran que a lo largo y a lo ancho de nuestra amada República Argentina los conceptos de federalismo, desarrollo e inclusión constituyen simples quimeras que se encuentran muy lejos de ser una realidad palpable y visible. Nuestro país posee enormes deficiencias estructurales relacionadas a históricas asimetrías espaciales y funcionales, en lo que respecta a la distribución del ingreso, teniendo en cuenta las diferentes regiones.

En este sentido, la educación no ha permanecido aislada de esta problemática, ya que por su propia naturaleza se encuentra profundamente condicionada por el impacto de las políticas públicas que se implementen desde el poder central. Por esta razón, todas las iniciativas y los programas educativos que no tengan en cuenta las idiosincrasias de cada región, están condenados irremisiblemente al fracaso.

Cuando Domingo Faustino Sarmiento llegó a la Presidencia en 1868, su máximo anhelo fue expandir las escuelas primarias por todo el territorio de la Patria, pero al mismo tiempo intentó consolidar un ideal de Nación en el que se encontraran expresados los principios políticos y filosóficos de los sectores que habían triunfado en las contiendas civiles entre unitarios y federales.

Se trataba de imponer un modelo de país que logre moldear a nuestros niños y jóvenes para que pueda responder a un determinado ideario que se correspondía con la impronta que pensaban darle los triunfadores. Las preguntas que debemos hacernos son ¿Tuvo alguna vez el federalismo su verdadera aplicación en la justa distribución de los recursos en las escuelas de nuestra Patria? ¿Los jóvenes egresados de nuestras aulas pudieron desarrollarse y crecer en sus propios pueblos contribuyendo al progreso de su comunidad? ¿Se tuvieron en cuenta las voces de los parajes más alejados?

El advenimiento de la pandemia nos ha demostrado más que nunca la necesidad impostergable de redefinir los discursos y las lógicas de transmisión del conocimiento para que nuestros alumnos, independientemente del lugar en el que nacen, se sientan parte de una Argentina inclusiva e igualitaria.

Para lograr un modelo inclusivo e igualitario, también debemos tender hacia la construcción de un sistema educativo de calidad, en que las competencias y las destrezas adquiridas por nuestros jóvenes puedan contribuir al crecimiento sustentable de sus respectivas localidades. Esta experiencia reciente nos lleva a la certeza indubitable de que para lograr todos estos cambios que consideramos necesarios, se torna imperativa la inversión en infraestructura educativa, para conseguir que nuestros jóvenes y docentes puedan tomar los recaudos indicados  en lo que respecta a las medidas de protección e higiene. De la misma forma, el reconocimiento hacia una recomposición del salario docente como un  digno aporte a su gigantesca tarea debe ser un faro que ilumine fuertemente el accionar de todos los gobiernos, estableciéndolo como política de Estado.

El rol de las universidades es trascendental y revolucionario, ya que permite a los pueblos formar en igualdad de condiciones y sin restricciones de ninguna naturaleza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que deseen contribuir al engrandecimiento material y espiritual de nuestra Nación.

Por eso es tan importante tener en cuenta la dimensión federal educativa, ya que entendemos que todo proyecto federal debe poseer la capacidad de fortalecer las identidades locales, la diversidad educativa y una participación democrática directa. Es por esto que coincidimos con Axel Rivas quien en su artículo “La política educativa ante el abismo del federalismo”, menciona cuatro características que determinan el destino de la política educativa como el federalismo asimétrico en su distribución poblacional y en sus niveles de desarrollo, el federalismo pactado e interrumpido, el federalismo con alto poder de veto y el federalismo profundamente asimétrico en su representación política y en la distribución fiscal de sus recursos.

Nuestra tarea es generar las condiciones para reparar estas injusticas y lograr que emerja definitivamente el auténtico subsuelo de la Patria dignificado. Para que podamos ver y sentir las caras y las sonrisas de nuestros niños y jóvenes de manera tal que juntos podamos contribuir a la riqueza de la Nación.

En la provincia del Chaco somos parte de un Norte históricamente excluido y postergado que posee 849.563 km2 (30,6% de la superficie del país), la concentración de 9.872.598 de habitantes (21, % de la población del país), el tercio de la superficie sembrada con una clara matriz productiva diversificada, permitiendo una actividad económica asociada a la minería (litio, cobre, etcétera), hidrocarburos (petróleo y gas), turismo, cultura, industrias y comercio. Sin embargo, aún no hemos podido generar las condiciones para que efectivamente podamos superar las restricciones históricas y lograr el desarrollo de un país federal que nos permita tener igualdad de oportunidades e integración armónica.

Por eso el rol de las universidades es trascendental y revolucionario, ya que permite a los pueblos formar en igualdad de condiciones y sin restricciones de ninguna naturaleza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que deseen contribuir al engrandecimiento material y espiritual de nuestra Nación. Debemos luchar fuertemente para mantener este  sagrado mandato.

No olvidemos que aún se encuentran presentes las palabras provenientes de la Reforma Universitaria que afirmaban “el nuevo ciclo de civilización que se inicia, cuya sede radicará en América, porque así lo determinan factores históricos innegables, exige un cambio total de los valores humanos y una distinta orientación de las fuerzas espirituales, en concordancia con una amplia democracia, sin dogmas ni prejuicios”. Construyamos juntos un nuevo humanismo y llevemos a nuestra educación al lugar de prestigio y justicia que se merece.

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