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La noche del 23 de marzo

Por Mónica Persoglia.

Opinión 24 de marzo de 2021
Mónica_Persoglia

No suelo escribir en primera persona, pero me siento parte de una historia.

Un 23 de marzo, la noche anterior al Golpe, yo me cambiaba a vivir donde ahora es mi casa. Al día siguiente, me levanto temprano para ir a pagar la luz y me avisan que había sucedido un golpe militar, que busque mi documento para ir a donde me dirigía, a Casa de Gobierno (trabajaba para Juan Carlos Benitez).  

Al llegar a la esquina de Casa de Gobierno, los soldados me exigieron levantar los brazos y mostrar mi documento. Por la escalera, uno armado, me acompañó al tercer piso donde era mi oficina. Estaban bajando los cuadros de Perón y Eva a toda velocidad y sacando  papeles. Yo aturdida, entendía poco y nada.

Mi barrio era de pensiones de estudiantes. Cerca vivía Belzor Miño. Los allanamientos eran frecuentes y sobre todo a la noche, aunque también revisaron mi casa, en esa época sin terminar.

No teníamos muro, separada mi vivienda de mi vecina por un alambrado, doña Piri, me avisaba con las manos haciendo pantalla en su boca, si los soldados estaban en la calle para que no saliera.

Cuando regresaba de nochecita de mi trabajo de publicidad y me paraba la Policía, decían: “Dejala ir, sabemos quién es”. Parecía que sabían la vida de todos. Vivir en esas circunstancias era mi normalidad. En la escuela donde yo ejercía también rezaban frases.

Así transcurrió la adolescencia de mis hijos. Uno de ellos concurría a la Escuela Industrial, dibujó una caricatura de profesores que casi le cuesta amonestaciones y la directora, con tono muy severo y enojado, me dijo: “Esto ocurre porque estamos en democracia”.

Ya habíamos recobrado la libertad democrática.  

Me siento parte de esa historia.

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