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Otro marzo y la memoria

Por Marcela Acuña.

Reflexiones 13 de marzo de 2021
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No existe edad ni tiempo que aminore la necesidad de la presencia de mi querido padre y detenido político durante la última dictadura militar.

Flotan los besos que nunca han podido ser dados, quema la ausencia de una mirada que haga de estímulo, y se esfuma la saciedad de una pausa que, mediada por un abrazo, calme a menudo ciertos tormentos.

El no derecho que nos han dejado y le han dejado a tus nietos, al simple encanto de deslizar miradas y sonrisas ante tu presencia, convierte esos momentos en lo que el filósofo ecuatoriano Freddy Álvarez González, apunta como “el lugar vacío de los derechos es su carácter traumático".

Todo lo que nunca ha podido ser, por la interrupción genocida, nos ha dejado una existencia incompleta, y cierta vacuidad de certezas para afirmarnos.

Nos han arrebatado nuestra infancia; de muy pequeños.

Sucede entonces, que somos seres incompletos, pesa la infinitud de todas esas inexistencias.

Pero ante todo eso y con todo eso, hemos logrado afianzar en el mes de marzo, la representación del lado opuesto de aquella barbarie, porque el estar con aquellos que el sistema  capitalista les cierra las puertas es estar con nuestros seres queridos, que nos dejaron el ejemplo, siendo ellos mismos testimonios de vida.

El de reafirmar con el cuerpo y las emociones, la alegría y la decisión política de luchar por memoria, verdad y justicia.

A fuerza de incontables batallas, de soltar el grito sofocado de los sobrevivientes; gran parte de nuestro pueblo se ha logrado construir una memoria que es resistencia y a la vez impulso.          "¿Si nosotros callamos, quien hablará?", se preguntaba Primo Levi. Y ha sido el empujón de esos gritos lo que hoy es la potencia que anima nuevas visiones para las nuevas luchas.

30.000 compañeros desaparecidos.

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