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Se llamaba Nacho

Por Mónica Persoglia.

Reflexiones 09 de febrero de 2021
Mónica_Persoglia
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Décadas atrás prácticamente los niños no se entregaban en adopción desde un Ente oficial, si lo abandonaban en un hospital o una clínica, a veces lo entregaban a alguna familia que estuviera deseando  tener hijos. Ese fue el caso de Nacho, antes que se creara la Defensoría del Menor. 

Un matrimonio de profesionales sin hijos, lo llevó a su casa preparándole su habitación con adornos y un hermoso moisés con volados de los tonos que antes se usaban, blanco, celeste y rosa. Una almohadita bordada junto a sus sabanitas blancas. 

Lucho un bebé pequeñito, de tez oscura y cabello tieso, renegrido y grueso, resaltaba en medio de tanta blancura. Los familiares esperaban que trajeran un niño blanco de ojos claros, más Alma , su madre adoptiva, les respondió, “esta será su casa” Nacho, era un bebé aborigen. 

Sus primeros años fueron los de todo niño, pero al llegar a la etapa escolar, no pudo permanecer en la escuela, por falta de integración social, así decían. 

Su padre Don José se hizo cargo de su educación, y todos los días se sentaba con él en la alfombra a leerle y conversar en voz serena, y Nacho escuchaba. 

El niño pocas veces salía a la vereda, no jugaba con otros, se ponía eufórico y batía sus brazos como alas, y sonreía mostrando sus dientes muy blancos. 

Nacho fue el centro de la vida de la familia que adopto dos chicos más. 

Que hacia Nacho durante el día? Estaba frente al ventanal y saludaba con una voz especial, clara y dulce. A cualquier cosa decía gracias, pero no entraba con conversaciones con sus vecinos. 

Lo mandaron a un Instituto a Córdoba, y cuando se vio sentado en el automóvil, pregunto respetuosamente  me están secuestrando? Le respondieron que no. Iba a un Centro de Rehabilitación del que volvió dos años más tarde. 

Nacho había crecido, era alto , fornido, su vida estaba en su casa.  

Sus padres lo acompañaron con la intuición que dan los instintos de padres, no había especialistas ni escuelas para atenderlo. 

En sus conocidos del barrio Nacho dejo el recuerdo de una hermosa sonrisa, de una voz pausada y demostró que tenia capacidad intelectual, sólo que…..era autista. Bebió el amor de Alma y don José. 

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