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A puro corazón

Reflexiones 20 de noviembre de 2020
Mónica_Persoglia
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Por Mónica Persoglia

No son asistentes, ni agentes, ni comprometidos con algunos como voluntarios, son gente anónima que trabaja a puro corazón, asistiendo a desvalidos, gente en la calle, aquellas que se encuentran poblando la plaza.

Si, en las plazas. No son vagos, son desamparados, que allí tienen un banco, agua y quizás un baño.

Estas personas a las que llamaremos “corazón en acción”, se toman la responsabilidad de llevarles alimento y abrigo. Estas personas que hacen empatía con quienes no tienen un vínculo, un referente, a estas personas de la que no se las ve o no se las mira.

Ellos, a los que llamaremos corazones anónimos, apartan porciones, les facilitan un dato, les dan una palabra de aliento, una sonrisa.

Sólo contaremos una anécdota. Una de estas señoras salió a hacer un trámite a la farmacia, y al ver a ese hombre sentado con la mirada a lo lejos, con su ropa ajada, y un rostro descolorido, y con su brazos cansados a ambos lados de un cuerpo casi vencido, ella se acercó, y entregó una prolija bandejita envuelta y un barbijo para que lo use. El hombre mayor le pregunto: ¿Todo esto es para mí? Sus ojos se llenaron de lágrimas.

No son aglomeraciones de gente, pero son un número importante que toma como refugio  las plazas. Quedó flotando una pregunta: ¿sabe dónde hay un comedor?

Corazón anónimo le respondió: “Averiguo”.

Ellos aman al otro, al prójimo, al próximo, como a sí mismos.

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