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Cómo se inició y desarrolló el "luche y vuelve" de Perón

Por Vidal Mario

Reflexiones 17 de noviembre de 2020
Foto regreso de Perón a la Argentina

Hace 48 años, en el marco de lo que hoy se conoce como “Día de la Militancia”, Perón de nuevo pisaba suelo argentino.

Es famosa la foto que lo muestra al pie de la escalerilla del avión Giuseppe Verdi saludando a su gente al lado de Cámpora y Rucci, que lo protege de la lluvia con su paraguas.

Ese 17 de noviembre de 1972, luego de 18 años empedrados de violencia, se lograba lo que desde 1955 había sido su sueño y el de millones de fanáticos: el regreso al país.

Para que él pudiera regresar al país, desde 1969 a 1973 (FAR), (FAL), (ERP) y Montoneros, entre otras organizaciones subversivas, perpetraron 59 tomas de comisarías, universidades y pueblos enteros, 24 disturbios con incendio de automóviles y comercios, 19 secuestros que le reportaron a los guerrilleros millones de dólares, 26 operativos de robos de armamentos, y 42 atentados con explosivos.

A todo ello deben añadirse 554 asesinatos y los muertos en la masacre de Ezeiza. Nunca se conoció con exactitud cuántos murieron allí. Horacio Verbitzky habló de trece muertos y 365 heridos, pero se cree que la cifra oculta de muertos haya alcanzado el centenar.

Pero lograron el ansiado objetivo: el retorno del líder a la Argentina y al poder.

Sin embargo, para cuando volvió ya era un deteriorado y enfermo anciano de casi 80 años. Su regreso no le reportó beneficios sino graves perjuicios al país.

Su vuelta abrió la caja de Pandora de una salvaje disputa por el poder dentro de los propios peronistas.

El 12 de octubre de 1973, asumió por tercera vez la Presidencia, y el video blindado a través del cual habló al país fue todo un símbolo de la violencia que él había impulsado desde el exterior.

Viejo, con serios problemas de salud, acosado por las organizaciones guerrilleras y atrapado por la logia mafiosa P2, duró sólo siete meses en el poder. Murió el 1° de julio de 1974.

Perón lanza el “Luche y Vuelve”                                                       

Apenas llegó a Caracas el 9 de agosto de 1956, el exiliado Perón se puso al frente del Comando Superior Peronista en el Exilio y empezó a planificar su regreso al país.

Ya entonces pensaba (y así lo pensó siempre) que el único camino posible para su retorno era la violencia.

El sacerdote Hernán Benítez, ex confesor personal de Eva Perón, le reprochó duramente (el tiempo le daría la razón) que convocara a los peronistas a tomar las armas.

Lo hizo en una carta que le mandó el 28 de diciembre de 1956. Allí le dijo lo siguiente:

“Usted sostiene que el nuevo rumbo de la historia y el nuevo rostro de los tiempos está signado por la insurrección de las masas, la guerra y la muerte. Pero éste es el rumbo del antropoide del que partimos, y del demonio que llevamos adentro. No es el rumbo del superhombre cristiano que también llevamos adentro”.

Dos años después, ese mismo sacerdote volvió a pedir a Perón que cortara con su incitación a la guerra subversiva.

Fue a través de otra carta, fechada el 14 de enero de 1958, uno de cuyos párrafos resultó profética: “En las actuales circunstancias, ¿no se da cuenta, general, que la represión dejará ya no 30, ni 300 víctimas asesinadas, sino 3.000, sino 30.000?”.

Pero nada desviaba a Perón de su idea de una insurrección general de las masas. Seguía siendo el mismo que aquel que el 31 de agosto de 1955 desde los balcones de la Casa Rosada incitó a sus seguidores a salir a matar opositores.

“El pueblo tiene que hacer guerra de guerrillas”

En 1957, también desde Venezuela, Perón, en su carácter de jefe del Comando Superior Peronista en el Exilio, le escribió ésta carta a su delegado John William Cooke:

“El pueblo tiene que hacer guerra de guerrillas, que en la resistencia se caracteriza por la suma de todas las acciones. La suma de pequeñas violencias cometidas cuando nadie nos ve y nadie pueda reprimirnos representa en su conjunto una gran violencia por la suma de partes. Debemos organizarnos concienzudamente en la clandestinidad. Instruir y preparar a nuestra gente para los fines que nos proponemos, agruparnos en organizaciones disciplinadas y bien encuadradas por dirigentes capaces, audaces y decididos, que sean respetados y obedecidos por la masa, planificar minuciosamente la acción y preparar adecuadamente la ejecución mediante ejercitaciones permanentes”.

En la misma carta, insertada en las páginas 11 al 17 del libro “Correspondencia Perón-Cooke”, de Editorial Crónica, Perón seguía diciéndole a su delegado:

“Yo puedo asegurarle que, si dispongo del tiempo y de la tranquilidad necesaria, en poco tiempo tendremos el dinero suficiente para dotar abundantemente a las necesidades que se presenten. Estoy en realización de algunos negocios que nos permitirán no esperar más. Debemos comprar las armas y hacer llegar todos los elementos a través de las fronteras, mantener las relaciones en el país en el que estamos (Venezuela), donde podemos conseguir mucha ayuda. Pero hay que vincularse, trabajar, y tener yo cierta tranquilidad para poder pensar las cosas”.

“Kelly sabe cómo se hacen los líos”

En otra carta a Cooke (está en las páginas 185-186 del referido libro) Perón le contó éste secreto:

“Hace poco perdimos una partida de armas que me ofrecieron porque no teníamos la plata necesaria para pagarlas, pero espero poder, en el futuro, conseguir una similar. En Brasil hemos contratado para que las armas sean entregadas en territorio argentino, y ellos corren con todo lo referente al contrabando. Naturalmente cobran caro, pero tenemos más posibilidades de dinero que aquí, en la cantidad necesaria”.

En otra carta, Perón se refirió a la tarea que estaba realizando Guillermo Patricio Kelly. Éste había sido jefe de su fuerza de choque cuando él gobernaba la Argentina, ahora trabajaba como “asesor de seguridad” de Marcos Pérez Jiménez.

“El trabajo de Kelly, excelente –le dijo-, él sabe cómo se hacen los líos y cómo se saca provecho de ellos. Hay que dejarlo hacer, es un elemento de inapreciable valor para estas cosas, y estoy seguro que será de ayuda extraordinaria en los momentos que, según mi opinión, se aproximan”.

Pero todos los planes que pergeñaba Perón desde Venezuela para regresar a la Argentina se vinieron abajo cuando, el 23 de enero de 1958, cayó la dictadura de ese país.

Pérez Jiménez escapó a la República Dominicana con el avión presidencial y Perón se asiló en la embajada de ese país.

A los pocos días, en un avión militar escoltado por dos aviones norteamericanos, Perón también se exilió en la República Dominicana. Ahora, su nuevo protector era el generalísimo del ejército Rafael Leónidas Trujillo, uno de los más sangrientos tiranos que haya conocido América Latina.

“Quilombificaré el país”

Muchos años después, el 7 de agosto de 1960, ya en los jardines de Puerta de Hierro, Perón, que para entonces ya tenía 67 años, le hizo ésta confesión a su médico Hipólito Barreiro:

“Quilombificaré de tal manera la Argentina que cuando les entre la desesperación, me tendrán que buscar”.

Cuatro años después, el 2 de diciembre de 1964, Perón intentó regresar entrar a la Argentina en el marco del denominado “Operativo Retorno”, pero lo frenaron en Río de Janeiro.

Volvió a Madrid en el mismo avión alquilado que lo había traído, rumiando venganza.

Desde ese momento no se detuvo más en su proyecto de crear grupos que en pro de su regreso imaginaban, planificaban y perpetraban los más diversos actos violentos.

A esa serie de hechos violentos llamaron “Luche y Vuelve”, y le costó mucha sangre al país.

*Periodista-historiador

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