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Juan E. O´Leary, "El reivindicador"

Por Vidal Mario*

Reflexiones 30 de octubre de 2020
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Vidal Mario

Un ejemplo de cómo canjear principios por dinero y honores

En abril de 1963, el presidente Stroessner vino a mi pueblo, Itá, a inaugurar una nueva escuela, donada por Enrique Doldán, empresario que también donó relojes para la iglesia, las cuales, cincuenta y siete años después, todavía están allí. Asistí a ambos actos como alumno del tercer grado en la escuela “Manuel Gamarra”. Como ésta no tenía edificio propio y funcionaba en una casa de familia, muchos alumnos fueron transferidos al flamante establecimiento, entre ellos yo. Pero esto es puramente anecdótico. Lo importante, a los efectos de esta historia, es que a esa nueva escuela le impusieron el nombre de Juan E. O´Leary, un periodista, escritor e historiador que todavía estaba vivo. Murió seis años después. No hay otro ejemplo en la historia de la literatura paraguaya, como éste caso de Juan E. O´Leary, donde un escritor haya violado tan radicalmente sus principios a cargo de dinero, títulos y honores.

De tenaz antilopista pasó a ser declarado lopista, vocero del lopismo, paladín de la reivindicación del hombre que primero invadió militarmente al Brasil y seguidamente a la Argentina, hasta terminar arrastrando al pueblo paraguayo hacia una guerra infernal. 

O´Leary era además una suerte de vocero cultural del coloradismo y especialmente, desde 1954, del stronismo, régimen que lo llenó de distinciones y atenciones. Recuerdo dos ejemplos de la consideración gubernamental que se le tenía al “Reivindicador”. El 16 de agosto de 1954 fue Perón a Asunción a devolver algunas reliquias de la Guerra de la Triple Alianza y a otorgar a su amigo Stroesner el grado de Oficial de Estado Mayor “honoris causa” del Ejército Argentino.

En la misma ceremonia, realizada en la Plaza Juan de Zalazar y Espinosa, el presidente argentino le entregó al escritor del que hablamos la Orden al Mérito en Grado de Gran Cruz.

 El gobierno lo consideraba “el más grande defensor de la heredad nacional y figura venerada por todos los paraguayos”. Hasta le hicieron un busto de bronce que fue inaugurado por el mismo Stroesner el 1° de marzo de 1955, en la plaza que está al lado del Oratorio de la Virgen de la Virgen de Asunción y Panteón Nacional de los Héroes.

 Fue en presencia del propio escritor. O´Leary asistió a la celebración de su propia gloria.

“NO LO PERDONO”

O´Leary, nacido en 1879, nueve años después del fin de la guerra, no siempre fue lopista. Al contrario, odiaba intensamente a Francisco Solano López y juraba que su odio sería eterno.

Es que ese loco de la guerra había provocado el martirio de su madre, Dolores Urdapilleta Caríssimo, y la muerte de sus medio hermanos, los hijos que Dolores había tenido con su primer marido, Ricardo Jovellanos, un juez también de triste final. De allí venía su odio (que juró sería por toda la eternidad) hacia ese “Nerón americano”. Tanto lo odiaba que, evocando a los hermanos que nunca pudo conocer, escribió: “Para tus verdugos y para los verdugos de nuestra patria –perdóname, madre mía- mi odio es eterno. Madre, tu martirio es infinito. Día tras día, a cada momento, aparecen ante tus ojos las sombras de tus hijos, mis hermanos, muertos de hambre en la soledad de la peregrinación.

Tú los viste morir. Tú presenciaste aquella agonía indescriptible y, después que murieron, tuviste que dejar sus pequeños cuerpos fríos bajo una capa de tierra y una alfombra de flores.

 ¡Pobres mis hermanos! Yo también los veo en mis sueños; envueltos en nítidas mortajas, flotan en el espacio como blancos angelitos. Ni siquiera ustedes escaparon de la furia de los tiranos y de los Caínes. ¡Algún día, cuando mi canto sea digno de ustedes, enterraré su memoria en la cristalina sepultura de mis versos!

Tú perdonaste al tirano que tan brutalmente te maltrató. Yo no lo perdono. Lo olvido. Y en este día, uno mis lágrimas a los tuyos y con mi alma abrazo a esos pobres mártires, mis hermanitos, muertos de hambre en la soledad del destierro”.

 ¿Dónde quedó su odio?

 El triste episodio sobre el que tan emotivamente había escrito no le impidió que escudándose en el seudónimo Pompeyo González, en 1902 empezara a desplegar su talento literario para enaltecer al dictador a quien había declarado odio de por vida. El dinero que por sus sucesivas columnas tituladas “Recuerdos de Gloria” le pagaba Enrique Solano López, fundador y propietario del diario Patria e hijo de Francisco Solano López, provocó en él una rara, sorprendente y llamativa amnesia. Enterró en su memoria lo sucedido con su madre y sus hermanos muertos por inanición, y empezó a predicar que el único error del padre de su jefe había sido “no haber vencido”, y que su único crimen había sido “amar demasiado a su patria”. Su mercenaria pluma terminó convirtiendo a López en “una montaña de patriotismo, nudo de nuestra historia, principio y fin de nuestra epopeya, clave de nuestro pasado, cumbre y cima, aurora y ocaso, resplandor de luz meridiana, encarnación de todas nuestras grandezas morales, y símbolo vivo de todos nuestros dolores”. Al principio de su carrera, declaró que el propósito de sus artículos era “exponer a las nuevas generaciones las hazañas de los héroes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza”. Pero la verdad era otra: lo hacía porque a su patrón, Enrique Solano López, le urgía mejorar la figura de su padre para favorecerlo en un resonante juicio que se ventilaba en tribunales de Buenos Aires y Río de Janeiro por los extensos territorios que reclamaba su madre, Elisa Alicia Lynch, juicio que finalmente perdieron. Juan E. O´Leary murió el 31 de agosto de 1969, a los noventa años. Mi recordada ex escuela y una ciudad del Alto Paraná siguen conservando su nombre. 

*(Periodista-Escritor-Historiador)

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