Resistencia Chaco
VIERNES 21 DE ABRIL DE 2017
Un hospital sin anestesistas
Reflexion [21/04/17]
Alfredo Zurita
La mayoría de los llamados hospitales en la región no son sino centros de salud con camas, por lo que no necesitan anestesistas.
Salud

El hospital Llano de Corrientes no puede hacer cirugía desde hace más de un mes, porque todos los anestesistas han renunciado en reclamo de mejores salarios, en tanto que la carrera de medicina en Corrientes anuncia que solo quedan en carrera el 20 % de los 1500 aspirantes, cuando aún faltan 2 meses para que el filtrado termine, dejando según la experiencia, no más del 10 %.

La lucha de la profesión médica por mantener sus ingresos tiene una larga historia porque el mismo ciudadano que paga gustoso viajes de vacaciones, ropas costosas, cuotas de automóvil, electrónicos, etc., considera que el médico debería atender sin afán de lucro alguno, como monje que hizo voto de pobreza, y el ejemplo del Dr. Illia que atendía con pago a voluntad del paciente, ha sido muy citado, bien que su propia hija lo haya desmentido.

El espíritu de caridad que rodea al hospital desde que la Iglesia lo creó para el bien morir alimenta la confusión de que los médicos trabajamos solo por amor al prójimo, aunque los médicos nada tenían que ver con esos hospitales originales, y se mantenían lejos de los mismos, y solo ingresaron hacia el siglo 19, para investigar y cuando fue posible usarlos para mejorar la atención, creamos hospitales privados para dejar en claro que no era lo mismo gratis, que pagando, del mismo modo que no es lo mismo un paciente que un cliente, y el de la cama 22 se transforma en Don Juan si es cliente, y no paciente.

“Quiero un vino bueno, pero no muy caro”, dice una anciana a mi lado en un comercio local, explica a la dependiente que es para su médico, con el que siempre conviene tener atenciones que repercuten en una mejor atención, del mismo modo que la propina alienta al mozo al buen servicio, y llevar una porción al doctor cuando se hacen comidas especiales, era y aún es costumbre en zonas rurales de la cual me beneficié al iniciarme como tal en la profesión.

Diversos estudios han mostrado que el mercado existe en el campo de la salud, señalando que se trata de un mercado imperfecto, donde el comprador no sabe qué necesita, y queda muy a merced del vendedor, lo que ha llevado a algunos países a prohibir el mercado en salud, lo que en general no ha sido duradero, y solo permanece en Cuba, por ahora.

Todo el mundo sabe que autos son los mejores, así como que es una buena carne, o unos buenos zapatos, pero lo que es un buen médico es muy variable, y es conocido dentro de la profesión que los médicos más sabihondos no son los que tienen más éxito económico, y aunque el médico que sale mucho por TV adquiere por ello fama de chanta dentro de la profesión, el lego lo vé de otra forma, y no es raro que médicos del TV sean tentados para cargos políticos usando su popularidad, siendo el Dr. Manes, probable cabeza de lista para las internas de la provincia de Buenos Aires, sin militancia partidaria previa, y gracias a su constante presencia en la mesa de la señora Legrand.

Mercado implica que el precio depende de la relación entre oferta y demanda, por lo que el juramento hipocrático ya recomienda mantener los conocimientos de la profesión en secreto, de manera de evitar que cualquiera sepa que el tratamiento del dengue es solo paracetamol y mucha agua, pero el antiguo truco de escribir la receta en latín para que el paciente no supiera que era lo que se le daba, ha caído en desuso, porque entre otras cosas ya nadie estudia latín, y solo conservamos el Rp, abreviatura de la palabra latina” receto” en el cabezal de la misma, y solo se usa en la medicina homeopática, que astutamente ha comprendido que rodear al medicamento de un cierto misterio lo hace más atractivo, del mismo modo que una mujer desnuda suele resultar menos erótica que la que usa lencería, y un cura en jeans parece menos cura que el que usa el hábito y el medico con guardapolvo impecable parece más médico que el médico que atiende en mangas de camisa.

Otra medida para controlar el mercado ha sido limitar el ejercicio profesional a quienes tengan tales o cuales títulos, aunque esta medida es de escasa eficacia como lo vemos en cualquier farmacia, o programa de TV, donde se indica medicación a troche y moche para las afecciones más variadas, pero de todos modos se refleja en los cupos de ingreso que casi todas las carreras publicas gratuitas tienen, legales o no, aunque de efecto limitado puesto que los rechazados tienen siempre abiertas las carreras privadas y las expectativas sociales de quienes no pueden pagarlas suele generar disturbios estudiantiles en nombre de "La Reforma de 1918".

Por tanto la última medida posible es crear mercados cerrados por especialidad, donde el acceso a la condición de especialista es celosamente vigilado, y en este sentido la anestesiología ha sido la más exitosa, de modo que es la que mejor pelea por sus ingresos, y en algunos casos ha logrado escapar a la condición de asalariada en el servicio público, para convertirse en prestador monopólico tercerizado, cosa imposible para las demás especialidades, más que saturadas, y por tanto prestas a aceptar cualquier salario que les permita agregar algunos pesos a su bolsillo.

“Médicos proletarizados, que corren de aquí para allá, por salarios miserables”, dirá la justicia de la provincia de Buenos Aires, al avalar la posición de la carrera de medicina de la Universidad Nacional de la Plata, de limitar el ingreso, enfrentada con su propia Universidad, por esta razón, cosa rara puesto que en la mayoría de las universidades se parte del principio de “zapatero a tus zapatos”, del cual deriva aquella frase de que los problemas de los médicos lo deben resolver ellos mismos.

He examinado muchos médicos cubanos en trámite de reválida de título, y que llevan varios años en el país porque el trámite de reválida es largo. Todos coinciden que para la gente el sistema cubano de salud es mucho mejor que el argentino, aunque para los profesionales es el peor imaginable, y como conozco el sistema cubano sé que tienen razón. Salario igual que cualquiera, y pocas posibilidades de especialización, limitada a las necesidades, para evitar que todo parto termine en cesárea, o dolor de cabeza en tomografía.

Equilibrar los derechos de los pacientes con los de los profesionales y el personal de salud en general, no es fácil, y cada país ensaya continuamente nuevas reorganizaciones en busca de mejorar el acceso y la calidad de atención, sin que hasta ahora ninguno haya encontrado el perfecto, y la historia juega mucho en esto, pues el excelente sistema público de salud de Israel fue creado con médicos que había sobrevivido a los campos de concentración, y emigraron para crear una nueva sociedad, en tanto que para los jóvenes médicos actuales en ese país, todas esas son historias viejas de los abuelos, y buscan emigrar a países con ejercicio liberal permitido, y colegas judíos que emigraron hacia allá por razones políticas o ideológicas, se volvieron al saber que solo podrían ser empleados públicos.

Un amigo español que sabe de las penurias de médicos rurales en Argentina, me sugiere que las carreras de medicina deberían crear cupos adicionales para médicos rurales, que solo podrían ejercer en esos lugares lo que resolvería el problema. Le respondí que no es posible por nuestra propia historia. Mi abuelo emigro a Argentina desde España para tener hijos doctores, sabiendo que ello no sería posible en su tierra, y tuvo razón porque sus hermanos que quedaron solo pudieron tener bisnietos doctores, pero no hijos ni nietos doctores como mi abuelo.

Corrientes tiene varios años de historia en polémicas con sus anestesistas, sobre todo cuando tuvo un ministro que era anestesista, que se vio entre la espada y la pared cuando una mujer murió en ese mismo hospital por falta de anestesista, lo que genero mucha tensión política, obligando a tomar medidas más o menos cosméticas.

Digamos, en defensa de los anestesistas, que son médicos con expectativa de vida corta, por las tensiones de su trabajo, que incluye que si las cosas salen bien fue por méritos del cirujano, pero si salen mal, por culpa del anestesista, de modo que como todo en la vida, nada es perfecto.

Alfredo Zurita

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