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Sociedad 06/09/2012
Dres. José Luis y Silvia Cinalli

Cómo prevenir el abuso sexual
1. Enseñando a nuestros niños acerca de sexualidad No tenga miedo de enseñar, es la mejor manera de prevenir. Dé consejos claros acerca de comportamientos sociales básicos: “que nadie te saque la ropita”, “que nadie toque las partes privadas”, “no guardes un secreto cuando alguien te lo pida”, etc. Está demostrado que una educación sexual a temprana edad y una buena comunicación entre ambos progenitores y sus hijos, disminuyen la probabilidad de un abuso sexual. La asertividad es una habilidad social por medio de la cual una persona manifiesta lo que piensa de manera clara y directa. Los niños que desarrollan estrategias para confrontar, pedir y negar, es decir, son asertivos, no son víctimas indefensas frente a un abusador sexual.

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2. Quitando los mitos y las mentiras acerca del abuso y la violación
La idea que tenemos es que los abusos y las violaciones son actos cometidos por hombres depravados y locos que saltan sobre los niños en lugares oscuros. ¡Nada más lejos de la verdad! El 90% de los casos ocurre en el hogar del propio niño o de familiares y amigos, a cualquier hora del día, con personas muy allegadas a él. El abusador casi no utiliza la fuerza porque “convence” al niño para hacer lo que él desea.

«Amalia es la menor de 10 hermanos. Fanática de los dulces y de las golosinas. Un vecino le daba monedas a través del tejido, siempre y cuando ella le mostrara su bombachita. Con el tiempo, el vecino le pedía que se bajara la bombachita y le mostrase sus genitales. A cambio, ella recibía más monedas. Nunca la tocó, pero no pudo sacarse de su mente esa imagen. Hoy está casada, tiene dos hijos y ama a su esposo, pero de manera recurrente esos pensamientos la asaltan en el momento de tener intimidad con su esposo y, más de una vez, se desconecta.»

Tampoco debemos creer que el abusador tuvo “un arrebato” sexual incontrolable y por eso violó o abusó. Todo estuvo premeditado. Tampoco se asocia al alcohol. Aunque éste puede actuar como un elemento que desinhibe, no es la causa del abuso.

3. Cambiando la educación de nuestras niñas
La debilidad es un atributo femenino; pero, a la hora de defenderse, se convierte en una trampa mortal. La feminidad no tiene que relacionarse con la “debilidad o pasividad”; enseñemos a nuestras hijas a ser ágiles, a desarrollar sus habilidades físicas.

«Juanita es la menor de cuatro hermanas y la única de la que no abusó su padre. Vivían en el campo y él tuvo dos hijos de sus respectivas hijas. El abuso era por todas conocido, pero guardado como un secreto de familia. Comenzaba apenas se desarrollaban como señoritas. Juanita fue la única que desafió a su padre. No tuvo una actitud sumisa frente a los intentos de abuso. Le hizo saber: “si me agarras, te parto la cabeza con un palo o te mato cuando estás dormido”. Era tal la convicción de Juanita que su padre nunca la tocó.»7

En un estudio realizado en los Estados Unidos, en el que se interrogó a setenta y dos prisioneros condenados por abuso sexual acerca de cuáles eran las víctimas que seleccionaban, respondieron que preferían a las tranquilas, pasivas, de hogares desavenidos.

4. Transformando la educación de nuestros niños
De la misma manera en que criamos víctimas a las mujeres, criamos a los varones como victimarios o violadores. Muchos de los violadores y abusadores están convencidos de que a sus víctimas les gusta la fuerza y que, a la postre, se terminarán enamorando de ellos. Nuestra cultura enseña a los varones a ser agresivos. Asocia la fuerza y la violencia con la masculinidad. Nosotros somos responsables de esta realidad y lo es cada padre que estimula a su hijo a que no respete a los débiles o que festeja al “machito” cuando le gana a otro en una pelea.
La mayoría de los violadores son adolescentes o jóvenes que quieren probar su hombría violando a otra persona. Según el FBI, el 61% de los violadores tienen menos de 25 años.
La antropóloga Margaret Mead ha observado que no se oye hablar de violación en las sociedades en las cuales los varones son condicionados por esa cultura para ser protectores y no agresivos.

5. Cuidando el ambiente de nuestro hogar
¿De dónde surgen los violadores? De familias cualesquiera, pero con una característica común: hogares con conflictos, desavenencias conyugales, gritos, insultos, peleas. Es improbable que un violador surja de una familia donde el respeto, las caricias y el buen trato sean la norma cotidiana. Por lo tanto, debemos trabajar para que el ámbito de nuestro hogar sea ejemplo del amor auténtico todos los días.

6. Exponiendo a los abusadores públicamente y defendiendo a las víctimas
Lea con suma atención el próximo relato tomado de un correo electrónico que nos llegó desde Tierra del Fuego:

«Hola Silvia y José Luis, ¡Dios los bendiga! Desde el cálido sur los saludamos Liliana y Pablo Torres, deseando que se encuentren bien. El motivo de este e-mail es contarles que en estos días se está llevando a cabo un juicio a quien durante 10 años estuvo abusando de su hijastra. Hace un año conocimos a esta jovencita en un encuentro de adolescentes. A través de la charla de sexualidad, se evidenciaron síntomas de abuso, conforme a lo tratado en el libro de ustedes De eso no se habla. Le aconsejamos hablar con su mamá y concurrir a salud mental del Hospital, donde se corroboró lo que suponíamos. Hoy testificamos en el juicio. El juez quiso copia del material que habíamos usado en ese momento y ordenó fotocopiar dicho libro. Para nosotros todo esto es nuevo. La Iglesia ha sido bien vista, ya que observaron líderes que se capacitan para ayudar. Mañana se darán los alegatos y en los próximos días la sentencia. Les pedimos oración y queríamos hacerles partícipes de este hecho. Lo que ustedes nos brindaron ha servido de mucho. Seguiremos en contacto. Les extendemos desde aquí un cariñoso saludo, anhelando que Dios les siga bendiciendo. Lili y Pablo.»

Días después recibimos un segundo correo en el que nos compartían que el juez sentenció a catorce años de prisión a ese abusador. Una víctima menos, una liberación más.

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