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DataChaco 27/07/2012
Alfredo Zurita

Eva Perón. Lecciones para la atención de salud.
Eva Perón murió de una enfermedad rara, aunque parcialmente prevenible, a una edad rara. El caso de la atencion médica de Eva Perón ha sido muy estudiado, junto con otras personas importantes que fallecieron precozmente por no hacerse lo necesario en el momento adecuado, y creer que los mejores médicos especialistas, si las papas queman, pueden hacer milagros.

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Algo similar le ocurrió meses atrás a la presidente. Buscando lo mejor se hizo una gran metida de pata eliminando innecesariamente la glándula tiroides, conducta derivada de que se prefirió hacer de más y no de menos, y quizas porque no se ocultó al patólogo de quién era la biopsia que debía examinar, de modo que lo hiciera en la forma usual, y no buscando pelos en la leche, o la quinta pata al gato.

El año 2010, último dato disponible, fallecieron en Argentina 984 mujeres de cáncer de cuello de útero, entre las 153.510 que murieron ese año, es decir menos del 1 %, (por eso digo que es una enfermedad rara), y de ellas solo 107 murieron antes de los 35 años, Eva Perón murió a los 33 (por eso digo que a una edad rara).

Es probable de todos modos que haya más muertes, puesto que el mismo informe estadístico nacional del año 2010 cita además 1.200 muertes por cáncer de útero, en el que no se especificó de que parte del útero era, bien sea porque no se supiera, bien sea porque el medico llenó el certificado de defunción sin aclararlo.

Podemos distinguir varios defectos en la atención médica de Eva Perón. El primero es que no tenía un medico de cabecera, responsable del cuidado de su salud a lo largo del tiempo, aconsejando en cada momento de la vida los exámenes preventivos necesarios, y por eso probablemente no se hicieron controles ginecológicos y el cuadro clínico debutó con un desmayo, que lleva a un diagnostico erróneo de apendicitis por el dolor en el bajo vientre, que era en realidad, como se vió al operar, infiltración cancerosa, que no se trató en ese momento, sino hasta más de un año y medio después, de nuevo quizas por falta de un médico en quien ella confiara lo suficiente para aceptar hacerse los estudios confirmatorios necesarios, y someterse al tratamiento adecuado.

Hacerse atender episódicamente por médicos famosos, pero que formaban parte del gabinete de su marido, el caso del cirujano que la operó, es lo más lejano que podamos pensar de las condiciones para establecer una buena atencion. Si el médico, dada la importancia del paciente, está con mucho temor a meter la pata, es probable que la meta, pero por exceso y no por defecto, o haga juicios erróneos, más si es en cierta forma una especie de subalterno, como lo suele ser un ministro frente a una primera dama nacional o provincial.

La carencia de este médico de cabecera, que podría haber cambiado las cosas, además de hacer exámenes preventivos previos, autorizando por ejemplo al cirujano de la presunta apendicitis, a extender la operación, no era algo considerado en la politica sanitaria de la época, que se basaba sobre todo en construir hospitales, dotarlos de especialistas y equipo, y en paralelo desarrollar programas preventivos más o menos independientes de los hospitales.

Este modelo, producto de las condiciones socioculturales y epidemiológicas, dió muchos frutos, pero llevó al actual modelo de atencion sobrespecializado, sobretecnificado, y con programas preventivos que ya no pueden actuar con independencia del hospital como antaño, y que debería ser reemplazado por el enfoque de Atencion Primaria, dando al médico general un rol central en el sistema de atencion de la salud, apoyado eso sí por los programas y los hospitales, pero no al servicio de éstos, y siendo convocado de tanto en tanto para aprender las normas del programa tal o cual, y aunque ello implique descuidar los enfermos que no tengan programa que los ampare.

El sistema de salud de Gran Bretaña, organizado en las mismas épocas que el de Argentina, la década de 1940, preservó la figura del medico general de barrio, cercano a la población, en consulta privada, aunque con un tipo de retribución no ligado sino parcialmente al número de consultas, ni al bolsillo del paciente, de allí que en Gran Bretaña no se esté hablando como aquí “de formar el medico que el país necesita”, puesto que éste siempre existió, y en Gran Bretaña habría que tener mucha vocación de especialista para serlo, pues el sistema da muchas ventajas al médico general.

El PAMI importó la idea británica desde su creación a fines de la década del 60, pero este modelo nunca ha podido prosperar, de modo que muchas personas cubiertas por el PAMI solo consideran al médico de cabecera una barrera de acceso al especialista, y no alguien que aconseje lo más adecuado, y es obvio que el sistema PAMI, y los demás, incluyendo el subsector publico, desalientan al médico general, que parece un rol reservado al incompetente que no puede hacerse especialista.

El cambio del modelo de atención se hará más por imitación de lo que hacen las clases sociales más altas, que por concienciación, y si lo que hacen las personas más conocidas cuando están enfermas, es irse al mejor hospital privado, a que los vea el mejor especialista, esto hará persistir el modelo anterior, y eso es lo que han hecho los presidentes latinoamericanos y personalidades conocidas, en los últimos tiempos y hará que cualquier persona trate de lograr para si mismo esa atencion, ya sea pagando, o reclamando por TV si es pobre.

La Atención Primaria, que en muchos discursos se asimila a lo que se hace en los Centros de Salud para los pobres, o la prevención, es otra cosa. Es hacer lo necesario, no más ni menos, sea preventivo o curativo, para el cuidado de salud del paciente, sea presidente de la república, o pobre villero, y en el momento oportuno.

Eso le faltó a Eva Perón, aunque sí se trajo al mejor cirujano oncológico que había en ese momento en el mundo, cuando ya la suerte estaba echada. La prensa suele elogiar a los médicos nacionales, por la alta consideración que algunos parece que tienen en el mundo, pero el elogio seria mas útil para la población si se dirigiera al sistema de salud, que en general solo merece criticas, de sus usuarios, y de los informes evaluatorios independientes, de tal manera que solo queda a los funcionarios abundar en el autoelogio, para equilibrar un poco las cosas, aunque a veces me quedan dudas.

Si el sistema estadístico nacional no puede determinar de que parte del útero eran los cánceres que mataron a 1.200 mujeres en el año 2010, como es que ellos hablan con tanta seguridad de cifras que bajan? Tienen información reservada, o son clarividentes?.

Además, si las cosas mejoran, no deberían subir algunas tasas?. Eso tan habitual en los buenos sistemas de salud, aquí nunca es mencionado. Siempre las cifras son a la baja, a la mitad habitualmente, de lo que había "antes".

Alfredo Zurita

Profesor Titular de Salud Pública

Facultad de Medicina

UNNE