Parcialmente nublado 27ºC
65%
  Versión básica  
Seguinos
DataChaco 09/07/2012
Alfredo Zurita

Mendel y el Dengue
Muchos seres vivos, incluyendo plantas y mosquitos, necesitan tener sexo (hacer el amor) para reproducirse, y esta forma reproductiva mezcla caracteres de los progenitores y antepasados, que luego son tema de conversación y eventuales disputas entre abuelas. Por ahora controlamos el dengue eliminando posibles nidos,  los depósitos de agua limpia que necesitan las mosquitas para poner los huevos una vez que han tenido sexo, pero se estudian otras formas de control basadas en el sexo.

Compartí esta Nota

Si un burro y una yegua hacen el amor, saldrá una mezcla de ambas especies llamada mula, o mulo, que tiene ventajas para algunas tareas, con respecto al caballo y el burro, pero que no pueden reproducirse entre si. Para ello es necesario volver a cruzar burros y yeguas

En la naturaleza continuamente ocurren por azar estas cruzas, y a veces el producto resultante tiene ventajas comparativas, y desplaza como especie a sus padres, si, a diferencia de la mula, puede reproducirse. Si sigue habiendo muchas mulas es simplemente porque el hombre ayuda a que este amor desigual ocurra con más frecuencia que lo esperable por azar.

Estas cosas son conocidas desde antiguo, y por ello hasta hace poco, cuando se pensaba que existían diversas razas humanas, cada una trataba de conservar la pureza de la suya, puesto todas se consideran superiores a las demás, y como exageración, esto incluía la sangre real, por lo que los que la tenían solo podían hacer el amor con quienes tambien la tuvieran, y llevó a las políticas nazis de eliminar razas inferiores.

La clonación de plantas y animales elimina la necesidad del sexo para reproducirse, puesto se parte de células descendiente de otras que ya pasaron por el sexo. Si están clonando secretamente seres humanos en alguna parte como muestran las películas de ciencia ficción, no lo sabemos, pero sí es posible, puesto la técnica es similar a la de producir nuestra vaca Dolly, creada en laboratorio, sin sexo de por medio, y que por tanto solo tiene un progenitor.

Pero la genética ha barrido con muchas de estas creencias de razas negras, blancas y amarillas, todos somos la misma raza, genéticamente hablando, siendo la genética una ciencia que reconoce como su padre fundador a un monje jardinero, Mendel, hijo de un agricultor, a quien su padre había enseñado estas técnicas de cruzar especies vegetales.

A partir del cultivo de plantas en la huerta de su convento, Mendel estableció las primeras leyes de la genética, que presentó en 1865 en una reunión de agricultores en el pueblo donde estaba su convento, (Brno, actual Republica Checa), y que poco a poco llevaron un siglo después, a que veamos con microscopios electrónicos los genes, sustancias químicas, que decidirán si tendremos ojos azules, o castaños, seremos altos o petisos, tendremos o no diabetes, tal o cual tipo de cáncer, etc., y según parece hasta elegirán con quien tendremos sexo.

Puesto que sin verlos veníamos manipulando los genes desde hace milenios, porqué no hacerlo ahora que conocemos mejor las cosas? y para hacer cruzas ya no necesitamos ayudar al burro en sus amores, sino que podemos hacerlo en la laboratorio?

Que tal producir un mosquito macho, el que transmite el dengue, estéril, y por tanto que los huevos sean estériles? Se hizo y no funcionó, las hembras prefirieron los machos fértiles. De algún modo “se dieron cuenta”.

Que tal producir un mosquito macho, que tenga solo hijos defectuosos que mueran pronto?, antes de poder transmitir el dengue?. Se hizo, por varias empresas, y algunas ya están viendo si en la naturaleza estos machos son tan sexy para las mosquitas como los normales. Una empresa estatal brasileña lo hará pronto en ese país, y ya se están haciendo experimentos a campo en America Central, el Asia, etc., es decir en aquellos lugares donde hay condiciones para que prospere el mosquito transmisor del dengue.

El conjunto de genes del mosquito fué alterado colocando genes adicionales, de virus, que les dan esa propiedad de tener hijos defectuosos, del mismo modo que la soja o el maíz han sido alterados, metiendo entre sus genes, algunos extraños que le dan resistencia a agroquímicos, que algunos llaman venenos pues matan la vida, como tambien lo hacen los antibióticos, venenosos para los microbios, sean ellos benéficos o maléficos para el ser humano, pero que el hombre toma precisamente para no morir, aunque algunos muera de alergia a ellos, y otros porque los antibióticos tambien mataron a los buenos microbios cuya ayuda necesitamos para vivir, según nos recuerda por TV conocido medico nutricionista que recomienda una marca de yogur con muchos microbios “sanos”.

La última frase revela la complejidad de los seres vivos y sus interacciones, y alimentan el temor de las religiones y los ambientalistas a que estos experimentos se hagan. Para las religiones porque alteran el plan de su Dios. Para los ambientalistas por razones varias. Algunos porque tienen no un Dios, sino una Diosa, a la que llaman Pachamama, otros por razones de lucha contra el capitalismo global, y aunque en Cuba también se cultivan plantas transgénicas.

Este tipo de experimentos es pues potencialmente peligroso, y lo vemos expresado en el film Parque Jurásico donde por seguridad se fabrican solo dinosaurios hembras, pero que luego se reproducen, y esta ficción se basa en que algunas especies de ranas que necesitan sexo para reproducirse, pueden arreglarse para hacerlo si no hay machos a la vista.

Análisis muy comprensivos de riesgos y beneficios, a nivel individual y colectivo, a corto y largo plazo, son por tanto necesarios para legislar en la temática, y en casos como distancias de rociados de agroquímicos me queda la impresión de que estos análisis faltaron, y simplemente se copiaron legislaciones de otras partes, y se partió la diferencia de metros entre ambientalistas y productores, sin considerar la necesidad de vigilar la incidencia de efectos nocivos en las poblaciones cercanas, de modo de confirmar o no los supuestos en base a los cuales se adoptaron las decisiones, y estos efectos se refieren no solo a cánceres o malformaciones, y cultivo o no de arándanos por empresas capitalistas fumigadoras, sino tambien de reproducciones sociales favorecidas o desfavorecidas.

De todos modos el asunto empezó con Mendel, que tras algunos intentos fallidos logró ser nombrado profesor de biología en la secundaria del pueblo, varios intentos fallidos puesto que no era biólogo, ni tenia ningún titulo, sino que era un simple monje jardinero curioso, y que se enojaba cuando sus alumnos adolescentes reían socarronamente de estos asuntos de reproducción por sexo, diciendo no había de qué reír, puesto todo era obra de Dios, y quizás hasta el mosquito que transmite el dengue?.

Alfredo Zurita

Profesor Titular de Salud Pública

Facultad de Medicina

UNNE